Salió tarde de casa, tenía cita a las ocho y media de la tarde y tan sólo quedaban diez minutos para que se cumplieran y una ciudad entera que atravesar. Sabía que era su última oportunidad y que no podía desperdiciarla, si no llegaba a tiempo o si no era capaz de finiquitarlo ese día jamás volvería a tener la ocasión que tanto tiempo llevaba esperando. Montó en su deportivo negro y al mirar el reloj entendió que para ello todas las luces de los semáforos serían de color verde y que la palabra stop de las señales sería un anglicismo que no entendería…
...Por supuesto que al dar las 8.30 no había recorrido ni un poco del trayecto; así que paró, apagó el motor y se echó a dormir como quien confía en el milagro que nunca, nunca llegará a suceder.
...La misma historia repetida una y otra vez. La guillotina del tiempo cerniéndose sobre nuestras cabezas. Minutos que nos preceden hacia la tragedia final.
"¿Es ésta realmente la oportunidad que llevaba esperando?" "Acaso no"-se dijo para su consuelo. Y como tras despertar de un sueño, el rojo volvió a ser rojo y "Stop" a significar lo que aprendiera ya en el colegio.
...y entonces pensó que Dios o el destino no estaban de su parte, sin saber que Dios no era Dios y su destino sólo un despiadado autor de "blogs" con con tanta injusticia la tratara...
No hay comentarios:
Publicar un comentario