Ayer en la tele veo a Messi recogiendo un premio. Y en lo único que soy capaz de fijarme es en lo mal que lleva el traje.
No me fijo en si el traje es bonito o feo, no, me fijo en lo mal que él lo lleva.
E inmediata e irremediablemente pienso en mí y en lo mal que yo visto un traje. Entonces razono "es por la altura, a los bajitos nos queda peor un traje que a un tío alto y con buena percha", pero es ahí cuando, al lado de Messi, aparece Xavi (también busqué a su lado a "la que caracoleo" pero no debía estar en esa fiesta).
Y cojones, a Xavi le queda bien el traje, exactamente igual que el de Messi. ¡Y son de la misma altura!
Y ahí es cuando no me queda otra que reconocer que eso es cuestión de estilo y que ni Messi ni yo tenemos clase o elegancia para llevar como mandan los cánones un traje.
Y no es una cosa que me preocupe no tener, pero sí es una cosa que siempre he admirado. La elegancia.
Ver a Pierce Brosnan lucir trajes, americanas y camisas he de reconocer que me produce sana envidia y ganas de poder acercarme a ese estilo.
Pero las cosas como son, la elegancia no es algo que se pueda comprar en el chino de la esquina. Se tiene o no se tiene, se nace con ella o no. Y yo no nací con ella, que le voy a hacer.
Ves llegar a Don Perfecto, da igual con un traje de Armani o con sus vaqueros y camisa y notas que llega un tío con clase y señorío.
El mismo traje o la misma camisa y el mismo vaquero se lo pone Clebarr, midiendo más o menos lo mismo, y lo que ves es a un pardillico con buenas intenciones, queriendo aparentar.
O ves a Anthony luciendo la ropa que su amada le asesora ponerse (en la línea casual de Don Perfecto) y piensas, si el probrecillo no llena el jersey morado de la Carol ésta, se le caen los pantalones y los zapatos no van a juego.
Pues lo mismo que a Clebarr o a Anthony me pasa a mí, pero con 20 centímetros menos (de altura) que Clebarr.
Algunas chicas, hace años, supongo que queriendo ligar conmigo, me decían que yo tenía estilo. Estilo propio.
Sí, estilo de gañán. El estilo que te vas creando cuando eres incapaz de llevar la ropa como Dios manda. Con porte, con chulería, con clase, con elegancia.
Es entonces, cuando te das cuenta de que todo te queda mal cuando decides crear tu estilo, basado en que se fije más la gente en la ropa que llevas que en cómo la llevas. Y ahí aparecen los vaqueros rotos, las camisetas por fuera, los jerseys a la cintura,... y claro está, la barba de tres días, ya que vas desaliñado, se consecuente.
Pero lo que a mí realmente me gustaría tener es ese estilo de aquellos que incluso cuando lo han perdido todo en el casino, llevan la corbata desanudada y la camisa desabrochada con honor y buen gusto.
De los pantalones a cuadros de j.m. y la variedad de colorido de su vestuario, de cómo Aprendiz de Brujo lleva las camisas por fuera, pero sólo la parte de atrás de la misma, o de la obsesión de Virgen por la ropa numerada y los zapatos horrorosos hablaremos otro día.
28 octubre 2009
CON CLASE Y ELEGANCIA
27 octubre 2009
SOBRE MÍ
Que sea de noche a las 6 y media de la tarde me genera una pequeña angustia focalizada en el centro de mi estómago. Irremediablemente me lleva a aquellas tardes infantiles y adolescentes en las que la oscuridad del cielo, la luz de las farolas y las cazadoras o abrigos bajaban el telón del día para conducirnos a casa a simular que estudiábamos, mirar la tele o escuchar música tirados en nuestra cama. Los entrenamientos eran todos con luz artificial y no había Champions para alegrarnos la semana. Eran días de menos horas que energías teníamos y esa noche prematura nos encorsetaba y maniataba a base de frío y aburrimiento.
Hoy, muchos años después de mi adolescencia y mi niñez, que la luna se asome a mi día a día tan temprano, me genera un malestar interno del que aún no sé como escapar.
No suele poderme el estrés causado por un sólo acontecimiento, siempre me he manejado bien con presión y saco lo mejor de mí mismo cuando algo, por muy gordo que sea, me apreta.
Ahora, cuando los enemigos son varios y no los veo venir por ningún lado., entonces sí. Entonces mi nivel de paciencia desciende a casi cero, mi asertividad aprendida se esconde en un rincón de mi olvido, mi agresividad se disfraza de palabras y comienza a golpear a quienes me rodean, mis ojos se tiñen de sangre, mis miradas hieren y mis labios no saben cómo esbozar una sonrisa.
Soy consciente de ello y me desagrada, intento introvertirme para no herir y contar hasta diezmil millones parano saltar. Pero la pelea entre las cosas que me amenenazan y yo mismo siempre termina de la misma manera, es con mis disculpas a quienes más quiero.
Tengo una muy alta atención dividida y una relativamente baja atención sostenida. O sea, que soy capaz de atender a varias cosas a la vez pero no soy capaz de atender mucho tiempo seguido a una cosa. Supongo que son ventajas e incovenientes de ser extravertido (pero en realidad esto da igual). Por eso, los días en los que paso muchas horas frente al ordenador preparando algún curso o alguna propuesta, a la vez miro el Marca, el Sport, me veo videoclips de Youtube y, sobre todo, miro el correo (todos los correos que tengo) de continuo.
Me encanta recibir mails y responderlos. Más allá de distraerme con lo que estoy haciendo me ayudan a rendir más, pues logran que no me aburra con lo que estoy haciendo. Y los días, como hoy, que mientras curro no recibo ningún mail me aburro de solemnidad, es por ello que, en lugar de escribir un post, escribo dos (o tres, ya veremos).
Por cierto, me temo que mis amigos, todos con menos capacidad de distracción efectiva que yo (aunque alguno la tiene bastante alta también), están muchas veces hasta los webs de mi atención dividida y mi manera de saciarla.
UN PASEO POR LA PRENSA DE HOY
Muere una persona, que debe ser muy importante, de la que yo jamás había oído hablar (eso sólo es prueba de mi ignorancia). Varias personas (Bono, Rajoy,...) dicen de él que su mayor virtud es que era un gran patriota. Y yo me pregunto ¿qué clase de virtud es esa?
Karadzic no comparece al juicio que se celebra contra él. Su abogado alega que el angelito no ha tenido tiempo suficiente para preparar su defensa. ¿Acaso el muy hijo de puta dio tiempo él a todos los que se cargó?
Eso sí, las cosas como son, era un gran patriota.
El BBVA gana ¡¡4179 millones!! hasta Septiembre (o sea, que le quedan 3 meses más para aumentar ganancias), un 3'3% menos que el año pasado a la misma fecha. Pobrecillos, realmente la crisis les está hundiendo. Lo que deberíamos hacer, como buenos patriotas, es solidarizarnos con ellos y aportar cada uno un poquito de nuestros ahorros para que las cuentas les salgan.
Mientras en las grandes ciudades del mundo todo perro de pichichi paga hasta un café con tarjeta de crédito, aquí vamos para atrás, como el cangrejo, y a partir de ya nos podrán cobrar un recargo por usar la tarjeta de crédito en nuestras compras. Cómo para ser patriota.
El Real Madrid contra el Alcorcón. El año pasado estaba claro, los patriotas iban con el Real en su partido contra otro Real, el Unión de Irún. Pero este año ¿a quién apoyarán?
El PNV apoya la Ley del Aborto y esto, claro está, no es sino una clarísima provocación a los patriotas y gente de bien de este (bendito) país en el que vivimos.
23 octubre 2009
IN THE END
Llegará el día en que todo termine. Y nos guste o no, a todos nos llegará.
A algunos nos pueden quedar días y a otros decenas de años. Algunos lucharemos con fuerzas por demorar su llegada y otros se rendirán al intuír su venida. Unos lo veremos llegar con antelación y a otros nos sorprenderá a la vuelta de la esquina. Algunos lloraremos por el día de los demás y otros sufrirán en nuestro día.
Y a todos, nos guste o no, nos llegará ese día.
Llegará el día en que no importe cuánto hayas peleado. Llegará el día en que de igual cuantas victorias o derrotas hayas almacenado. Llegará el día en que todas las lágrimas se hayan secado y todas las sonrisas borrado. Llegará, antes o después, ese día en el que nuestro camino haya arrivado a su fin y nos demos cuenta de las oportunidades que perdimos, de que las consecuencias de lo que hicimos siempre fueron menores de lo que esperábamos, de que los miedos nunca fueron reales y sólo los creamos y dejamos habitar en nuestro interior, de que dar un paso adelante o dos atrás en realidad era parte del mismo trayecto, del trayecto que nos conduzca a ese dia.
Llegará ese día en que la luz se tornará oscuridad y nada más importará.
Jamás.
Y es que al final todo habrá sido en vano, seremos un recuerdo, más o menos colorido, para los demás, pero absolutamente nada para nosotros mismos.
Y es que al final no tendremos medallas ni trofeos que recompensen nuestro esfuerzo, ni castigos o penas que justicien nuestra dejadez con nosotros mismos.
Y es que al final no habrá futuro ni pasado. El presente dejará de existir y lo siguiente no tendrá significado.
Y es que al final, cuando llegue ese día, ya nada importará.
21 octubre 2009
UNA MONTAÑA RUSA QUE ME HACE VOMITAR
Recuerdo que en mi adolescencia, como la mayoría de las personas, mi inestabilidad emocional me jugaba malas pasadas. A eso le sumaba que era una persona sumamente impulsiva y gracias a ello, esos vaivenes de emociones degeneraban en conflictos y discusiones de todo tipo.
Con el paso de los años esa montaña rusa se ha ido convirtiendo en una autopista de 3 carriles que cuando ha de pasar un alto lo hace por su túnel, perfectamente iluminado. La autopista es de peaje, pero a cambio de esa pequeña tara practicamente no se producen accidentes.
Si además le sumamos que cada vez llevo el pie más cerca del freno...
Hoy miro para atrás u observo a adolescentes con reacciones similares a las mías de antaño y lo veo como algo normal, con un toque de gracia y, si me apuran, como algo sano a esa edad. Gracias a todo ello yo aprendí cuáles eran mis reacciones ante determinadas circunstancias y así aprendí a autoregularme. Por lo que considero esa etapa una gran fuente de autoconocimiento y aprendizaje sobre uno mismo.
Lo malo es que hay personas que no aprenden.
Y así, hay algo que no soy capaz de soportar, sufrir la inestabilidad continua de una persona adulta.
El hoy estoy hipermegahappy porque en mi ventana canta un pajarito y al rato me sumo en la más profunda de las depresiones porque una nube ha descagado cuatro gotas de lluvia. De verdad, cada día soporto menos a este tipo de personas.
Es normal estar triste si un familiar ha enfermado de gravedad, si te has quedado en paro, si se muere un ser cercano, si un amigo ha sufrido una desgracia o si tu pareja se ha ido con otra (u otro). Es más, no sólo es normal estar triste sino que es sano estarlo para comenzar a superarlo. Pero lo más rápidamente posible hay que ponerse en pie y manos a la obra para poner solución al posible problema (y si no la hay, buscar un problema nuevo).
También es normal estar alegre si te han ascendido, si te has tirado a Pilar Rubio o si te toca la quiniela. Y de la misma manera es sano estar alegre e incluso eufórico, pero lo que no puedes es estar un mes celebrandolo.
Sin embargo lo que no es normal, lo que a mí me crispa de algunas personas adultas, es estar exultante por una pequeñez y ser la persona más dicharachera del universo en ese momento y un rato más tarde no querer saber nada del mundo o estar enfadado hasta con las sombras porque algo no ha salido como pensabas que iba a salir.
Y sinceramente y aunque suene duro, me dan igual las causas de esa estúpida e infantil inestabilidad .
Me da igual que "es que estoy pasando una mala racha" (pues pide ayuda y haz por superarla, pero que no la paguen los de tu alrededor, que además siempre la pagan los más cercanos), me da igual que "es que los cambios de tiempo me afectan mucho" (vete a vivir al Ecuador entonces), me da igual que "es que estoy con la regla" (la tienes desde hace años una vez al mes, deberías ya saber anticipar y minimizar sus efectos), y me da igual que "el mundo está contra mí" (si es así, piensa a ver que haces para ello).
Y es que a partir de una determinada edad las personas tenemos que aceptar que las cosas, en la vida, a veces van bien (incluso muy bien) y a veces van mal (incluso muy muy mal).
Y que la mayoría de las veces, van normal.
18 octubre 2009
¿QUIÉN?
Me gustaría, aunque supongo que no lo voy a conseguir, que todas las personas que lean lo siguiente respondan a la pregunta del final, razonando dicha respuesta.
Una joven esposa, poco atendida por un marido demasiado ocupado en sus negocios, se deja seducir y se va a pasar la noche a casa de su amante, en una casa situada al otro lado del río.
Para volver a casa al día siguiente, al amanecer, antes de que regrese su marido que estaba de viaje, ha de cruzar un puentecillo dónde un loco le hace gestos amenazantes y le corta el paso.
Ella sale corriendo hacia un hombre que se dedica a pasar gente con su barca. Ella monta pero el barquero le pide el dinero del pasaje. La mujer no lleva nada de dinero encima y por más que pide y suplica al barquero que le pase el río y que más tarde le pagará, éste se niega a pasarla si no le paga por anticipado.
Así, ella, regresa a acasa de su amante y le pide dinero para paga al barquero, pero él se niega sin más explicaciones.
Ella se acuerda de un amigo soltero que vive en esa orilla y se va a su casa. Él la tiene como su amor platónico, pero ella jamás cedió a sus peticiones amorosas. Ella le cuenta todo lo sucedido de manera sincera y le pide el dinero necesario para pasar en barca. Él, decepcionado por su conducta tan ligera, se niega a prestarle el dinero.
De nuevo se dirige al barquero, que de nuevo se niega a pasarla.
Finalmente, ante la posibilidad de que su marido pueda llegar, decide pasar el puente a pesar del loco que la amenaza.
Al cruzar, el loco la mata.
La pregunta que me gustaría que me respondieráis (razonandola si es posible) es: ¿Quién de los personajes de la historia (Marido, mujer, amante, barquero, loco o amigo) es el mayor RESPONSABLE MORAL de la muerte?
15 octubre 2009
¡QUIERO UN HIJO TUYO! ¡¡¿SEGURO?!!
Tres niñas de apenas 14 años le gritan a un tío, bastante feo en mi opinión, "¡Leiva capullo quiero un hijo tuyo!". No creo que esas tres niñas se hayan echo tan siquiera un dedo en su vida, pero repiten una y otra vez su cántico pasional.
A mí la escena me da, cuando menos que pensar.
Y primero pienso en el extraño sex appeal que irradian algunas profesiones (cantantes de rock, deportistas famosos, actores,...). Yo no me imagino a esas tres lolitas gritándole eso a su médico o a su profesor de matemáticas, aunque éstos fueran más bellos o atractivos o inteligentes que el citado Leiva.
Sin embargo es por todos conocidos y aceptado que quienes se dedican a esas artes tienen muchos más éxito con el sexo opuesto del que tendrían si se dedicaran a otra cosa (imaginemos, por poner un ejemplo fácil, a Ronaldo, con sus piños y su barriguita, siendo albañil y rodeado de modelos... pues como que no ¿no?)
Supongo que el efecto halo (simplificandolo, deducir que una persona que tiene una cualidad positiva, por ejemplo crear música. tiene varias por ello, por ejemplo es buen amante) es la causa de este fenómeno tan curioso, pero no por no saber una posible causa me dejan de sorprender sus efectos.
También me da por pensar qué pensarían sus padres si las escucharan, histéricas, reclamar el semen de un desconocido.
Y, cómo no, pienso en que en ese sentido las mujeres son mucho más impresionables por cualquier famosete que los hombres. A lo mejor es porque, sencillamente, los hombres somos fácilmente impresionables por cualquier mujer, sea famosa o artista o no.
Pero el caso es que es innumerable la cantidad de putillas, adolescentes y no tanto, que se dejarían follar por cualquier tipejo que se suba a un escenario o meta dos goles en un estadio.
Y luego somos los hombres, según las feministas, quienes degradamos a las mujeres. No, algunas mujeres se degradan solas.
Y mientras, además, esos que se aprovechan de ellas se jactan, con dos cojones y buen humor, de sus andanzas con esas marranillas.
¡QUÉ IMPORTANTE!
¡Qué importante me siento! Escribo una crítica de una película y una de sus actrices comenta mis post.
Escribo contra la política de una gran empresa y la propia empresa comenta (y se defiende en) mi entrada.
Me voy a plantear muy seriamente dedicarle unas líneas a Scarlett Johansson...
13 octubre 2009
AMENÁBAR Y YO
Creo que hay pocas personas tan "amenabarianas" como yo. No sólo me he visto decenas de veces sus películas (sus tres primeras películas), sino también sus cortos cuando aún era novel (brillantes). Tengo la versión para coleccionistas de sus tres primeras pelís. Hubo una època en los que mis cuentos, según Vacceo, parecían inspirados por sus obras (incluso los escritos antes de ver nada de él) y me leo con gusto todas las entrevistas que hacen al, para mí, mejor director de cine de los últimos 15 años (y no le pongo fronteras al título).
Pero claro, no todo va a ser de color de rosas. De la misma manera que "Abre los ojos" (por su romanticismo, por su angustia, por su imaginación y, sí, también porque mucha gente no la entiende) es mi película favorita , que "Tesis" (por su ritmo, por su misterio, por sus personajes) me cautiva y sorprende cada vez que la reviso o que "Los Otros" (por su niebla, por su tensión interpretativa, por esas fotos de muertos o por la locura del ser humano) mete en mí esa tensión que sólo el auténtico miedo logra, "Mar Adentro"(porque no tiene nada de lo que tienen las otras) me parece un auténtico tostón.
No sé en qué día se le ocurrió cambiar de registro, dejar de sorprender y parir esa historia lacrimógena acerca de, para mí, un personaje aburrido e intrascendete, interpretado por, para mí, un histrión con fama. Una película en la que sólo se salvan (eso sí, están de sobresaliente) los actores que interpretan los personajes secundarios (mención especial para los papeles del hermano y la cuñada del prota) y que cuando la he visto (la primera vez, ilusionado, en el cine. La segunda, casi obligandome a mí mismo, a ver si cambiaba de opinión, recientemente en la tele) por momentos he llegado a pensar que no era el gran Amenábar quien firmaba la obra.
Y ahora llega Ágora y estoy acojonado.
Me acojona leer de ella que es perfecta técnicamente. Me acojona escuchar de ella que es una película por encima del resto en belleza fotográfica. Me acojona ver críticas que dicen que la escenografía es perfecta y que recrea de manera sublime la Alenjandría del siglo IV. Y me acojona no dejar de ver a su director en todas las televisiones promocionando algo que, si fuera realemente bueno, se promocionaría con el boca a boca (como lo hicieron sus dos primeras pelis) y la fama de quien la dirige.
Porque yo de Amenábar espero no saber qué va a pasar. Porque yo de Amenábar espero meterme dentro de la película como un personaje más y sentir lo que ellos sienten. Porque yo de Amenábar espero que mi mente sólo esté centrada en la trama. Porque yo de Amenábar espero emoción. Y porque yo de Amenábar espero intriga y sorpresas.
Al igual que de Hitchcock no esperaba una película de Piratas bien ambientada, con mucha acción y con las más sofisticadas técnicas de rodaje, sino que su arte para rodar lo pusiera al servicio de mi curiosidad para la historia, de Amenábar no espero (ni deseo) una de romanos filosofando sobre el Universo.
Por eso aún no he decidido si iré a verla o no, porque prefiero seguir idealizandole como el mago que hace años me hizo soñar con un cine nuevo y diferente y estar ansioso porque llegaran sus nuevos trabajos que comprobar que en realidad sólo sabe hacer trucos. Todo tipo de trucos.
09 octubre 2009
RECORDANDO LO QUE JAMÁS HUBIERA QUERIDO HABER VISTO
Anoche, haciendo zapping, me encontré con un programa que, a toda velocidad, repasaba las noticias más llamativas de los últimos 50 años (haciendo especial hincapié en las que afectan a nuestro pais). Era ameno, no se detenía en ninguna en especial y era una especie de entretenida clase de repaso de historia contemporánea. Lo estaba viendo como simple espectador neutro, sin ningún tipo de sentimiento asociado a ninguna noticia, hasta que pusieron las imágenes de una. De la noticia que más me ha impactado en mi vida (y creo que jamás me impactará otra de manera, ni tan siquiera, aproximada).
Era un mediodía cualquiera de un día cualquiera de finales de verano. No recuerdo absolutamente nada de lo que hice aquella mañana, pero sí recuerdo que cuando terminó "Más Deporte" en Canal+ cambié a Antena 3 para poner las noticias. Allí estaba Matías Prats abriendo su noticiero con una noticia rocambolesca: "Al parecer una avioneta acaba de estrellarse en Nueva York contra las conocidas Torres Gemelas...". Corrí de inmediato a la cocina dónde estaban mis padres para decirles si estaban viendo las Noticias y me senté en el banco de la cocina para seguir viéndolas con ellos.
A mí me parecía un boquete demasiado grande el que tenía el edificio para ser una avioneta la que había impactado, pero... en ese momento se vio, en directo, una llamarada salir de la Torre que, en principio, no estaba afectada. Y un tremendo escalofrío (parecido al que siento al recordarlo y escribirlo) recorrió todo mi cuerpo.
Las palabras del gran Matías "¡La otra Torre Ricardo, la otra Torre!" se quedaron grabadas para siempre en mi memoria y tuve la sensación, ahora es la certeza, de estar viviendo uno de los momentos más espelucnantes de la historia de la humanidad.
En el resto del día ya nadie habló de otra cosa que no fuera de, si miento me corrija alguien, algo que ahora todos somos capaces de recordar y recordaremos para siempre.
Años más tarde, por fin, visité Nueva York. La ciudad más impresionante de este Planeta.
Algunas personas que ya la conocían y la habían visitado tras el ataque terrorista me aconsejaron no ir a la "zona 0" pues "Allí no hay nada más que ver que una gran obra".
Y casi me convencen. Pero finalmente nos acercamos. Al llegar allí comprobé que quienes sólo vieron "una gran obra de construcción" es porque no miraron bien, pues aquello rebosaba sentimiento. Una zona recordando el desatre, hecha con el máximo de los respetos y buen gusto, te dejaba sin palabras y meditanto. Mirabas el tremendo espacio libre que habían dejado los edificios que ya no estaban y te percatabas de la magnitud de la tragedia.
Pero a mí, con mucho, lo que más me impresionó es lo que mi imaginación no dejaba de hacerme pensar. Miraba las calles que arribaban al World Trade Center y no paraba de imaginarme ese día en esas calles. Imaginaba (y casi veía) a las personas, cuidadanos o visitantes de NY, corriendo como locos por esas calles, huyendo no se sabe de qué, bajo una intensa nebulosa de polvo. Corriendo a dónde fuera, pero lejos de esa Zona Cero. E imaginaba que yo estaba allí aquel día. El miedo (provocado por el autentico terrorismo) sólo te permitiría correr, no sabrías qué hacer, ni dónde ir, ni a quien llamar, ni qué hacer en los días que te restaran de visita, ni... Y eso, tan sólo pensarlo, sin vivirlo, me estremecía y acongojaba realmente.
En fin, que NY es tan grande (y no me refiero al termino físico) que, tras aquello, sigue acogiendo a sus visitantes como si de sus vecinos se trataran, con una amabilidad y una servicialidad fuera de lo común. Y eso que ellos sufrieron, la que, para mí, es la noticia más impactante de los últimos 50 años."
07 octubre 2009
MILAGROS Y MAGIA
Supongo que el recuerdo infantil mitifica.
El domingo, en un bar de barrio, vi una de las mejores paradas que he visto en vida (y mira que he visto fútbol).
Repetida es impresionante, una muestra de potencia, de velocidad, de agilidad y, para mí, sobre todo, de actitud. Sólo Casillas (bueno, a lo mejor alguno más, pero muy pocos) va con fe a por ese balón que ya es casi gol. Y eso, que todas las personas no madridistas cantáramos gol en el bar, es lo que hace pensar que es una de las mejores paradas, si no la mejor, que he visto en mi vida.
Posiblemente Casillas es el mejor portero que yo haya visto. Hasta el domingo Buffon ocupaba ese territorio de mis preferencias, pero tras lo que vi el pasado fin de semana (una muestra más de las miles que nos ha dado) ya no sé por quién decidirme. Buffon me da la impresión de impenetrabilidad. Es tan alto, tan ancho, tan grande, tan fuerte, que parece que ocupa toda la porteria. Además da esa sensación de seguridad (dicen que también Iribar la daba) que parece que te enfrentas ante alguien infranqueable.
Casillas, en cambio, hace imposibles. A mí a priori no me transmite esa sensación que el italiano sí, pero a posteriori... Cuando le has visto sacar de fuera de la porteria tantos goles...
Ahora bien, que yo crea que son los dos mejores cancerberos que he visto en mi vida no significa que sean mis porteros favoritos, porque ahí entra en juego la infancia.
De adulto sabes que los "milagros" que hace Casillas son producto de condiciones físicas, de trabajo y de actitud. Pero de niño, si alguien hace eso, piensas que está haciendo magia.
Y cuando yo era niño, quien hacía magia era Arconada. Mucha gente (ignorantes) sólo le recuerdan por el gol que se tragó en la final de la Eurocopa del 84. Pero yo no. Yo le recuerdo por las miles de paradas que hizo en esa misma competición, por su camiseta azul y negra (la única que los niños que no jugábamos de porteros queríamos tener de un guardameta), por el cántico que adornó a nuestra generación "¡No pasa nada, tenemos a Arconada!", y sobre todo, le recuerdo por sus visitas a Zorrilla, en especial en una noche de un miércoles invernal, en la que, bajo una intensa nevada, hizo magia como nunca he visto hacer a nadie.
Cuando veo a Casillas a veces me parece estar viendo al mismo Arconada (recomiendo a los aficionados al fútbol que se vean el Informe Robinson que dedicaron al donostiarra con la ayuda de Casillas) y aunque objetivamente Casillas me parece algo mejor (pero muy poco), mi yo infantil se sigue quedando con la única persona a la que he visto sacarse de la chistera paradas mágicas sin explicación aparente. Luís Miguel Arconada.
Por cierto, esta parada de Coupet tampoco está nada mal...
06 octubre 2009
TIRANDO A DAR
Las flechas que vuelan los cielos por los que transitamos son tan variadas y raudas que hay a quienes enamoran al atinar con el centro de su corazón y a quienes matan al atravesar sin piedad su tierna y desprotegida cabecita.
Se cruzan de continuo por delante nuestro, pero su susurro nos deja indiferentes, sólo es cuando hacen diana en nosotros mismos o nuestro círculo más cercano cuando nos percatamos de las bajas por heridas de guerra que están dejando a nuestro alrededor.
La quinceañera que en un callejón le implora a su amorcito "tienes que quererme como antes" mientras su lágrimas tiñen de imposible la petición; El amigo que vacía de presión su pecho porque "gracias Virgencita, que me quedo como estoy"; El niño que desconsolado se aferra en no soltar la protectora mano de su madre al entrar a la escuela; Quien por momentos ve aparecer el fantasma del amor perdido por nunca haber sido encontrado; El joven que aprovecha su enésima oportunidad y al fin sabe lo que es el efímero sabor del casi triunfo; La ya adulta que en una ganga en forma de alquiler ve una luz a su, por momentos, penumbroso presente; El que lucha a brazo partido por los demás y se enorgullece de la victoria conseguida para otros; Las decepcionantes tardes de domingo de un grupo de ilusos a los que no hacen más que meterles goles a la vez por todos los campos España; La pareja que ilusionada e ignorante pinta a medianoche el techo de lo que en muy breve será un nuevo negocio a fracasar; El oficial al que entregan una merecida medalla al mérito; Los que cuelgan el cartel de "Se traspasa".
Y cómo no, el pelamanillas al que no hacen más que caérsele seguridades, el que no tiene para invertir en un nuevo proyecto porque le siguen sin pagar lo que le deben, al que le cierran las puertas que él mismo abrió a patadas, en el que todos confían pero todos olvidan, ese pobre bufón que sigue pensando que, especialmente cuando hay mal tiempo, lo mejor es poner buena cara. Aunque sólo sea para mirarse al espejo.