31 enero 2007

EL CUENTO DE ARANCHA

Salió tarde de casa, tenía cita a las ocho y media de la tarde y tan sólo quedaban diez minutos para que se cumplieran y una ciudad entera que atravesar. Sabía que era su última oportunidad y que no podía desperdiciarla, si no llegaba a tiempo o si no era capaz de finiquitarlo ese día jamás volvería a tener la ocasión que tanto tiempo llevaba esperando. Montó en su deportivo negro y al mirar el reloj entendió que para ello todas las luces de los semáforos serían de color verde y que la palabra stop de las señales sería un anglicismo que no entendería…

...pero como siempre que tenía este sueño recurrente se despertó en ese instante. Después de todo un sueño maravilloso, cuando por fin se decidía a mandarlo todo a la mierda y escapar de allí con esa persona, de la que no es capaz de recordar su rostro, pero que sin embargo reconoce cada vez que vuelve este sueño, después de todo eso, va y se despierta. Y como siempre, es imposible retomarlo así que se queda con las ganas de saber el final o pensando si se tratará de una premonición, y en ese caso y sólo en ese caso, prefiere no llegar nunca al final de la historia en sus sueños, esperando que algún día estando despierta, reconozca el final de este sueño y llegue a tiempo.


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