Creo que en mí siempre ha sido así y que siempre será así. Me encanta el día de mi cumpleaños y los cumpleaños de la gente que quiero, me gustan las días de vacaciones y los días estos raros que no sabes porqué pasan cosas imprevisibles y alucinantes. Pero no es lo mismo, no son el día de Reyes. El día de Reyes es el día que más me gusta del año. Y no es un día que empiece a las 12 de la noche no, empieza unos días antes cuando empiezas a pensar en qué regalar a quién, cuando sales a "echar la carta", cuando ves a la gente volviéndose loca por dar una alegría a los demás y no a unos mismos, cuando empiezas a dar y a recibir pistas acerca de qué traerán y de qué te traerán,... Continúa la tarde del día 5 cuando la calle está repleta de gente y atiborrada de niños con la ilusión por careta y el asombro como mueca al ver a sus majestades saludándoles desde una carroza. Sigue por la noche cuando te acuestas temprano para que cuando entren por tu ventana estés dormido (si estás despierto no te dejan nada y no es plan). Y alcanza un culmen por la mañana, cuando acompañando a tus zapatos hay otros zapatos resguardados por paquetes envueltos de papeles de colores y te dispones a comprobar si unos seres de otro mundo, con dotes mágicos y que desaparecerán de tu vida durante un año hasta volver a aparecer, han determinado si has sido bueno o malo desde la última vez que te visitaron. Y claro, luego está el roscón, que siempre mientras lo desayunas piensas "joo, podían hacerlo más veces durante el año" y te jode tener que esperar 365 días hasta volver a darle un (bueno unos cuantos) bocado. Después sales a la calle y ves a los niños por la calle jugando con sus juguetes nuevos, a los adultos luciendo su nueva ropa o a cualquiera repartiendo sonrisas y...
no te queda otra que pensar que sin ningún lugar a dudas, ¡éste es tu día!
07 enero 2007
EL DÍA DESPUÉS (al DÍA)
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