Hace algún verano dos amigos y yo, en la playa, debatíamos acerca de que si nuestras parejas nos fueran infieles preferiríamos saberlo o no. Yo defendía la postura de que sin dudarlo prefiero no enterarme y ellos de que sin dudarlo sí. Hay un dicho antiguo que dice que “ojos que no ven corazón que no siente” y yo suelo estar muy de acuerdo con lo que piensan los viejos. Les decía que (creo que como la mayoría de la gente) no perdonaría que me fueran infiel y que dejaría a quien me lo fuera pero que intuía que si te pasa y te enteras no es tan sencillo decir “bye bye mi picolina” sin más y lo acabas sufriendo y si lo perdonas lo tendrás en tu cabeza y en tu relación para siempre, así que si no lo llegas a saber nunca, nunca te afectará emocionalmente. Ellos en cambio defendían que es mejor saber con quien estás y enterarte y pasar el mal trago y dejarlo antes que ser un ignorante y estar con alguien que no te merece.
Meses después el gran Valdi, genial como siempre, me abrió otra posibilidad, decía que hay tres posibles situaciones, la primera es que te sean infiel y no lo sepa nadie (excepto los que están en el camastro claro está) y tú no te enteres, la segunda es que te enteres y la tercera es que lo sepa todo perro de pichichi pero tú no. Decía Valdi que de esas tres él se quedaba con la primera, con no saberlo jamás siempre y cuando no lo supiera nadie más, pero que sin dudarlo, si lo sabía todo el mundo (y él comentaba que es lo que suele pasar), preferiría enterarse antes que ser la comidilla y el payasete del resto de la peña. A mí, me seguía sin convencer. Creo que muchas veces la ignorancia es la felicidad y que aquello que no sabemos, por mucho que lo sepan los demás, no nos afecta puesto que no lo sabemos.
Ahora bien, hace muy poco me contaron una historia que abría una 4ª posibilidad. Me dice un amigo que tiene alquilado un piso a una pareja de uruguayos, ambos separados de sus primeras parejas y que un día le dio por preguntarle a él que qué era de su vida. El hombre le dijo que estuvo casado, que tenía dos hijas y que querían un varón y fueron a por el tercero, al nacer éste era niña otra vez y... ¡era negrita! (resulta obvio que el hombre es blanco). Me cuenta mi amigo que el uruguayo le decía “ahí empecé a desconfiar un poco, pero bueno, me callé y seguimos y fuimos a ver si venía el varón” y así su señora se quedó otra vez embarazada y nació el 4º, esta vez sí niño, pero esta vez también de color azabache y el hombre le dijo “y ahí se acabó, me llegó la desconfianza y me vine para España”. Al oír esa historia pensé “Coño, a lo mejor mis amigos tenían razón y mejor saberlo antes de tiempo” (bueno pensé más cosas acerca del amigo uruguayo pero no las diré aquí y ahora).
En fin, saber o no saber, pero... ¿Saber qué? Porque... ¿Qué es ser infiel? ¿Dónde está el límite? ¿Es lo mismo para todos? Mañana a lo mejor me apetece hablar sobre ello...
13 diciembre 2006
INFIEL (I)
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2 comentarios:
El uruguayo este, debe de ser un figura. Por cierto, los primeros hijos eran de su mismo color de piel?.
Yo en este tema, creo que ya he manifestado en varias ocasiones que prefiero conocer cuanto antes, por mucho que duela a ser ignorante.
Y si a estas alturas todavía te preguntas que qué es la infidelidad, mal vamos. Los límites, desde luego son más abstractos, pero cuando tu empiezas a plantearte si estás dentro o fuera de los límites de algo, me juego el pescuezo a que ya rebasaste el límite, y lo único que buscas es justificación moral.
Y por cierto, seguro que hay más posibilidades, porque siempre hay una tercera vía.
Mi humilde opinión, es la de no saber na de na. Y si el problema son los demas pues que quieres que os diga. Apechugar y mañana será otro dia y que salga el sol por Antequera. Que opinaria entonces la gente que es Poligámica de estas cosas. Yo creo que la definición de infidelidad tiene muchos matices diferentes para cada persona.
Yo por ejemplo hay cosas que para unos es infidelidad y para mi no.
Seguiremos más tarde comentandolas.
Chau, Oscar
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