Siempre he pensado que mi mente iba más deprisa que el mundo occidental. No creo que eso sea una gran virtud sino más bien muchas veces una putada. Anticipo sin saber cómo lo hago lo que va a pasar, qué va a decir otra persona, qué puede sentir, cuando me va a llamar y para qué, cuando un no es la siguiente respuesta aunque con la cara me digan que sí,... y cuando no lo hago, ya se encarga el hijo de puta de mi subconsciente de contármelo por la noche mientras duermo. No sé si realmente anticipo esas cosas o si simplemente como creo que van a pasar actúo premeditadamente hacia ellas y las provoco (efecto Pigmalion). Pero bueno, a lo que iba, a la velocidad de mi mente y a la lentitud del mundo... hasta hace unos días. Desde hace unos días alguien ha apretado el acelerador y todo va demasiado deprisa, incluso para mí. Con mi ritmo normal me sobraba para ir unos minutos por delante del mundo, pero ahora me ha tocado acelerar para no rezagarme y quien marca el ritmo me lleva con la lengua fuera. Espero parar en tres o cuatro días o sino pronto tendré unas agujetas...
20 diciembre 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario