
Woody Allen en Match Point hizo un alegato a favor de la suerte. La película me fascinó (aún sin Scarlett Johansson también me hubiera gustado, pero mejor que estuviera ella) y muy en contra de las intenciones del director, en mí reafirmó mi creencia de que la suerte no existe. La escena que resume el concepto de suerte en la película (espero no joderle a quien no la haya visto. Aunque qué demonios, ¡¡que la hubieran visto ya!!) es aquella en la que con la aprovechando la metáfora de una pelota de tenis que tras tocar la cinta de la red cae a un lado u otro de la pista y eso decide un partido, un anillo lanzado por el criminal al Támesis tras chocar con una barandilla finalmente cae del lado de la tierra. Cuando todos pensamos que eso es lo que va a causar que capturen al asesino es precisamente ese suceso poco probable lo que provoca que se libre de ser descubierto.
Esa escena me hizo pensar que la gente cree que tener buena suerte es que te suceda algo positivo y que era improbable que sucediera o que no suceda algo negativo que sería muy probable que pasara y tener mala suerte es que te suceda algo negativo con poco probabilidad de que sucediera o que no suceda algo positivo con ata probabilidad de que suceda. Sin embargo a mí me reafirmó en la idea de que lo que los demás denominan buena o mala suerte no es el suceso en sí, sino las percepciones que tienen del mismo o sus consecuencias.
A pesar de que ya he olvidado muchos de los conceptos y aplicaciones prácticas de la probabilidad era una de las partes de las matemáticas que más me gustaban, incluso en primero de carrera, cuando la mayoría de los/as compañeros/as, futuros psicólogos, maldecían y odiaban la probabilidad y la estadística yo disfruta realmente de estudiarla. Y, aunque repito, no recuerdo tanto como me gustaría, lo que sí recuerdo es que algo con probabilidad cero jamás sucederá (es imposible que me toque la lotería si no juego), pero que algo con muy baja probabilidad de suceder... puede suceder. Y eso no es suerte (buena o mala) sino baja probabilidad, pero probable. Por lo tanto ¿porqué llamamos suerte o mala suerte al suceso poco probable en vez de hacer con nuestras actitudes que esa probabilidad aumente o con nuestras habilidades que las consecuencias de ese suceso improbable sean lo más beneficiosas posibles para nosotros mismos? Muy sencillo, porque es mucho más cómodo y nos protege mucho más apelar al concepto de suerte para salir airosos de lo que nos incomoda que cambiar nuestra percepción de él y trabajar por paliar sus consecuencias negativas o acrecentar las positivas.
Y aquí es dónde enlazo los conceptos de suerte y de dios y donde los poso sobre nuestra debilidad. Y para creernos más fuertes es mejor escapar de nosotros mismos y apelar a cuestiones esotéricas y de este modo protegernos de ser heridos. Aunque esto sea tan sólo engañarnos.
Aunque sinceramente creo que quien cree en la suerte tiene la suerte de creer en ella.
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