13 octubre 2007

UNA HISTORIA DE IDA Y VUELTA por CLEBARR

Tumbado boca arriba en la cama miraba fijamente el techo de mi habitación. Era sábado por la tarde y los chicos me habían llamado al móvil varias veces, no obstante lo había dejado sonar hasta que aburridos colgaban. No tenía ganas de salir, en realidad no tenía ganas de nada, tan sólo me sumergía en mis propios pensamientos, recordando de una manera casi enfermiza, una y otra vez, una y otra vez, una y otra…

Me acuerdo perfectamente de aquel viernes, tenía el guión perfectamente claro en mi cabeza, sólo faltaba ella. Antes de que metiera la llave en la cerradura ya sabía que venía. Los tacones sonando acompasados se iban haciendo más audibles por la escalera hasta que abrió la puerta.
Después del tradicional beso en la mejilla (había quedado atrás la época en que los morreos y tocamientos eran la bienvenida habitual) la conté la película: Al final la despedida de soltero sería mañana. Me habían llamado esa tarde para explicarme que el plan era comer en “Bobo´s”, ese restaurante ultra pijo que acababan de abrir, un mus para matar la tarde, disfrazaríamos al pobre Tony de conejito y le haríamos pasearse como un mamarracho por ahí, unas copillas (yo no chati, ya sé que el alcohol no me sienta bien), y luego no muy tarde, pues para casita.
Ya de novios Miriam era quién llevaba los pantalones. Bueno, en realidad llevaba también la camisa y los zapatos. Siempre había sido un muñeco a sus órdenes y sabía que no tendría posibilidad alguna de salir victorioso si le contaba que los chicos habían preparado una noche bien distinta a lo que la había contado. Mientras ella me miraba con esos ojillos inquisidores procuré poner cara de chucho apaleado. Supongo que no fue demasiado difícil porque llevaba 8 años de novios y 5 de casados poniendo esa misma cara de asustado cada vez que quería salir con mis amigos…

¡Ahhh! Los ojos me escocían como lumbres. No sabía cuanto tiempo llevaba perdido en mis ensoñaciones, pero debía ser mucho porque en mi habitación ya apenas si entraba el sol. Mientras me levantaba para dar la luz, encendí un cigarrillo. Sabía que no debía fumar en casa pero en estos momentos me la traía todo al pairo, así que cogí un cenicero y me volví a recostar en la cama.

Me lo estaba pasando como un enano. Me dolía el estómago de tanto reír. Hasta la puta mierda de comida de “Bobo´s” en cantidad insuficiente, servida en platos sobresalientes y pagada a precio de matrícula de honor me había parecido hasta bien. Los chicos estaban exultantes. Se habían pasado casi media comida riéndose de lo que pensaría Miriam (Sauron, como la llamaban estos cabrones) si supiera el plan de esta noche, pero me daba igual, estaba feliz. Los 100 euros que gané al poker ayudaron algo, pero supongo que la media docena de deditos de whisky, pero puestos en sentido vertical, ayudaron mucho más a ponerme de un excelente humor para la noche.
Cuando entramos en el puti estábamos mamaos como auténticos piojos. He de confesar que nunca había entrado en un puticlub y la situación me ponía nervioso. Aún estando borrachito como estaba, no era tan insensato como para no mirar atrás de vez en cuando, no fuera a dar la puñetera mala suerte que para una vez que la mentía, Miriam o alguna de sus amigas coñazo me vieran entrar en el garito.
A los 10 minutos de estar allí y con una copa en la mano he de confesar que estaba como Dios. Tenía a una brasileña de lo más hacendosa sentada en mis rodillas y debía ser verdad el dicho de que las mujeres pueden hacer varias cosas a la vez, porque mientras con una mano acariciaba el pelo a Berto, con la otra me estrujaba la polla como si estuviera enroscando una bombilla.
David no se cortaba un pelo a la hora de tocar el culo a una morenita que pasaba por allí y Arturo tan echado para adelante normalmente, permanecía curiosamente pegado a la barra, como intentado hacerse pequeño, ja, ja, tan valiente normalmente con las chicas y las putas le ponían nervioso…
Después de conversar durante unos minutos con el camarero, Tony llegó con una sonrisita de oreja o oreja porque había contratado ¡como no! para sus mejores amigos un show que decía nos iba a gustar. Le seguimos a un reservado y nos sentamos con nuestras copas en un gigantesco sofá. Al momento sonó música y apareció bailando una rubita con un mini-top donde se adivinaban uno de los pares de tetas más impresionantes que había visto nunca, internet incluido.

Mientras enciendo otro pitillo en mi habitación, me miro al espejo y este refleja mi careto de soplapollas con una sonrisa de circunstancias. ¿Porqué creí que después de dejarse babear y manosear por 10 trogloditas borrachísimos, la rubia me sonreía más a mí, que estuvo más tiempo conmigo y que me acarició más que a nadie? Supongo que el alcohol me provocó un exceso de amor…

Lo que me dije cuando la putita terminó el show es ¡qué cojones!, un día es un día y a los 100 euros que había levantado a los colegas los iba a dar un buen uso. Un par de minutos después estaba tumbado en un diván desnudo de cintura para abajo y con mi pene metido en el canalillo de esa walkiria. Joder que maña se daba la diosa: Mientras con las manos se juntaba los pechos, mi pene subía y bajaba por su canalillo y en lo alto de la ascensión su boca me daba la bienvenida.
Después de un rato de cubanita y de lametazos maravillosos, me puso un condón y se tumbó boca arriba diciéndome con un acusado acento ruso: “Ahorra ven aquí y fóllame, mi amorrr”
Me acerqué a la cama, la besé durante unos minutos los pechos y la di la vuelta. La agarré por las piernas y dándola la vuelta la atraje hasta el borde de la cama, la ayudé a incorporarse un poco, y así con el culito en pompa, mirando a La Meca, a Moscú o a Stalingrado porque a mi tres cojones me importaba en esos momentos, me puse un condón y empecé a cabalgarla.
En honor a la verdad he de decir que se ganó muy bien su dinero. Mientras se la enchufaba por detrás, no oí más que un “mmm” cuando la pellizcaba los pezones. Incluso pareció complacida cuando los cachetitos en el culo que la daba se convirtieron en auténticos palmetazos…

Apago mi pitillo cuando oigo que entra mi madre en casa y bajo a saludarla. Malo fue cuando el domingo Miriam me despertó hecha un basilisco. Muy malo fue cuando me pidió explicaciones por el olor a perfume barato de toda mi ropa, el pintalabios en toda la camisa y la caja de condones que me encontró en la americana. Pero lo peor fueron las mentiras que tuve que contar a mis padres cuando les pedí por favor que me hicieran otra vez un hueco en su casa…

5 comentarios:

Rapajic dijo...

Querido Clebarr, te voy a decir en público lo que ya te dije en privado, me ha gustado muchísimo tu relato, pero... no me ha excitado en absoluto (y no es ese el fin de un relato erótico?). Y por cierto, te veo muy influenciado en tu manera de escribir por un post reciente mío... ;-)

Rapajic dijo...

Y por cierto me encantan los guiños que, lamentablemente, tan sólo algunos entenderemos... jeje. Muchas gracias por tu cuento.

Anónimo dijo...

esto es un relato erotico?

Anónimo dijo...

Los que quieran criticar, serán bienvenidos, pero tal vez deberían de haber participado ellos y que jugáramos todos en igualdad de condiciones.

Anónimo dijo...

Pues claro que es un relato erótico, hija, a mí se me ha puesto la polla durísima...

Me ha gustado mucho, Clebarr. Además, como ya te dije en tu anterior cuento, narras con precisión y sin aspavientos, con una síntaxis muy digna de Azorín...