15 octubre 2007

EL POSTRE por F.A. (o sea yo)

La noche del sábado pasado fue la noche más excitante de mi vida, la noche en que hice algo que jamás hubiera pensado que podría hacer, la noche en que todos mis rubores quedaron apartados, la noche en que mis instintos más bajos y más íntimos salieron a flote, la noche en que...
...Habíamos quedado para cenar con dos parejas amigas de toda la vida en un lujoso restaurante del centro y esa noche, no sé porqué, me sentía guapa y sexy. Llevaba puesto un vestido negro, corto de falda, dejando desnudos la mitad de mis mulos, escotado, insinuando mis generosos pechos (desprovistos esa noche de sujetador que los mantuviera) y que dejaba buena parte de mi espalda también al descubierto, unos zapatos de tacón alto que hacían más esbelta mi figura y un minúsculo tanga a juego con el color de mi vestido. La conversación durante la cena era de lo más aburrida pero el vino que no dejaba de tomar me permitía desconectar de la misma y subía la temperatura de mi interior. En un momento ya avanzado me percaté como, en la mesa de enfrente, dos ojos negros no dejaban de observarme. He de reconocer que al principio, la invasión de mi intimidad me incomodó un poco e intenté hacerme la despistada intentando entrar en la conversación de mi mesa, pero cada vez que giraba la cabeza, podía ver cómo esa mirada me iba desnudando y deseando y no sé si por el efecto del vino, o por lo lasciva de la mirada, cada vez me iba excitando un poco más. Mis labios empezaron a alcanzar mayor grosor, mis muslos comenzaron a juntarse y a apretarse con fuerza para sentir su roce mutuo y mis pezones decidieron unirse a la fiesta y salieron a saludar a quien en ellos se fijara. Al poco tiempo vi como su cara se tornaba en lujuria y como no apartaba su vista de mis pechos. A la hora de los postres ya no podía más, me estaba poniendo realmente nerviosa y excitada y me disculpé para ir al servicio, necesitaba salir de aquello. Lo que no sabía aún es si lo que necesitaba era mojar mi nuca con agua fría o masturbarme en la soledad del servicio. Vi claramente como al pasar delante de su mesa yo no era la única que estaba claramente excitada. Entré en el lavabo y me miré al espejo, claramente mi rubor me delataba y mis pezones parecían querer atravesar el vestido. Me notaba empapada y me metí dentro de uno de los habitáculos del servicio para dar rienda suelta a mis dedos. Al girar la puerta, una mano, su mano, impidió cerrarla. Yo estaba muy nerviosa e incluso con un poco de miedo, pero caliente como no lo había estado en mi vida. No hicieron falta palabras, entró conmigo, cerró la puerta y comenzó a besarme. Metió su lengua en busca de la mía y no tardó en encontrarla, sus manos ya se habían adueñado de mis muslos por debajo del vestido y comenzaban a ascender hasta apoderarse de mi culo y, sin saber cómo, ya tenía los pechos al descubierto. No tardó en abandonar mi boca y dirigirse a mi cuello, creí que la reencarnación de Drácula me estaba poseyendo, sus labios, su lengua y sus dientes estaban inundándome de placer, placer que se volvió casi tortura cuando descendió hasta mis senos. No podía creer lo que me estaba pasando, me sentía esclava de su cuerpo y no quería luchar contra ello. Me dio media vuelta y me apoyó en la pared, mientras su lengua deambulaba entre mi nuca y mi espalda desnuda, empecé a sentir dos dedos metiéndose por dentro de mi ropa interior y comenzando a acariciar mi sexo húmedo, a los pocos segundos creí que me iba a desmayar de placer e iba a tener un orgasmo descomunal cuando pareció leerme la mente y sacó su mano de mi entrepierna, noté como sus manos agarraron mi tanga y cómo poco a poco éste iba deslizándome por mis muslos hasta que lo sacó por una sola pierna, me volvió a girar, subió mi vestido hasta mi cintura y me sentó en el retrete. Separó mis piernas, se arrodilló frente a mí y comenzó a lamerme, su lengua empezó a pasear con calma por todo mi coño, paseos de ida y vuelta, miles de ellos, hasta que por fin decidió darse un descanso y centrarse en mi clítoris, comenzó a lamerlo muy suave y con ritmo lento, pero cada vez la presión iba aumentando más y el ritmo acelerando más y más. Yo creí que me iba a morir de gusto, un escalofrío recorría todo mi cuerpo y creo que mis jadeos iban aumentado su deseo. Finalmente no pude más, noté como todo mi calor se concentró entre mis piernas y estallé de placer, teniendo en su boca, el mejor y más largo orgasmo de toda mi vida. Quedé exhausta y tiritando, mi respiración era acelerada, pero no me parecía justo dejar así a quien me había otorgado ese regalo mayúsculo. Así que me puse en pie y le dije “ahora me toca a mí”, junté mis labios con los suyos mientras desabrochaba su camisa y al quitársela, frente a mí, para mí, quedó aquella maravilla al descubierto. Eran los pechos más bonitos que jamás había visto en una mujer y estaban enteros a mi disposición...

11 comentarios:

Elena dijo...

Inesperado final, sí señor...Muy bueno Félix.

Ingrid Dietrich dijo...

A veces parece que tienes el alma de una lesbiana dentro del cuerpo de un hombre, aún así imagino que la de mirada lasciva, debía ser un hombre dentro del cuerpo de una lesbiana, ya que los códigos de ligue en tu historia son muy masculinos, a los hombres os excita más la imagen, lo que veis es lo que deseais... Lo nuestro es más sutil, más subyacente y es curioso pero nos motiva más lo que oímos casi siempre. Aún así... El texto merece mis felicitaciónes... Hay premio?

Anónimo dijo...

Es genial. Si fueras mujer desde luego que serías lesbiana, sin duda alguna.
Me ha encantado, como siempre.
bibi

Anónimo dijo...

fuiste mujer en otra vida? jiji. siempre tienes la capacidad de sorprenderme,es buenisimo entero y mas con ese final

Anónimo dijo...

Buenísimo tío.

Anónimo dijo...

Genial relato, tiene un ritmo frenético (y erótico) hasta el final, un final sorprendente que lo culmina muy bien.

Anónimo dijo...

Me encanta tu forma de escribir de relatar,eres increible,y el final es sorprendente inesperado..Magnifico!!Miney

Anónimo dijo...

Un artista de la sorpresa!!

Anónimo dijo...

guarrisimo...

zendal dijo...

Vale, ¡me ha sorprendido el final!.

Anónimo dijo...

Tu instinto no te ha fallado, ni una mujer hubiera podido expresar tan bien tantas sensaciones. Y la guinda ese final. Eres genial.