25 octubre 2007

PENA DE MUERTE

A ver si soy capaz de estructurar todo lo que quiero decir y contarlo con algo de claridad...
Para empezar me posicionaré, estoy totalmente en contra de la pena de muerte, sea por lo que sea.
A partir de ahí ideas y dudas varias vienen a mi mente...
Creo que las personas debemos pagar por aquello que hacemos.
Cuando alguien comete un crimen atroz, o sea, quitarle la vida a alguien, la pena que ha de pagar ha de estar en concordancia con el crimen.
El objetivo de la pena en prisión es "rehabilitar" al preso, o sea, convertir a una persona "no sociable" en alguien capaz de vivir y convivir con los demás.
Los castigos nos enseñan que no debemos hacer, pero rara vez qué debemos hacer.
Si las dos ideas anteriores son ciertas, ¿para qué sirve la cadena perpetua? ¿Para que alguien sufra el resto de su vida por lo que hizo? Eso cuesta mucho dinero y no tiene ninguna finalidad. ¿Porqué la sociedad ha de pagar por un crimen que no cometió?
Si alguien mata a una persona como venganza por un crimen cometido, está aplicando la pena de muerte ¿no? ¿Esa persona aceptaría que le condenaran con la misma pena?
Si aplicamos la pena de muerte, ¿no nos estamos así mismo poniendo a la altura del asesino? Entonces ¿hay que castigar con pena de muerte a quien la legisla o la ejecuta?
¿Cuál es el justo castigo a quien de una vez mata a decenas o cientos o miles de personas? ¿Es la pena de muerte equitativa al crimen en ese caso? Si es así, a defensores de la pena de muerte como Bush, Pinochet, Sadam, Franco, Stalin,... ¿no se les debería aplicar lo de que "quien a hierro mata a hierro muere"?
Y por último, si somos defensores de matar a quien mató, ¿no nos ponemos a su altura, a la altura de criminales, de asesinos, de terroristas, de tiranos,...? ¿no nos convertimos nosotros un poco en ellos?
¿Son compatibles y coherentes entre sí todas las respuestas que damos a las preguntas que lanzo?


¿Dónde giraba hace un año?

14 comentarios:

Ingrid Dietrich dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ingrid Dietrich dijo...

Hola... Hace unos años en la escuela de idiomas conocí a una chica, Clara, tenía 17 años, era un encanto. Un día de Abril, me enteré que dos compañeras de su clase la habían asesinado a puñaladas, sólo por saber qué se sentía al matar. Hoy en día, las asesinas, están en la calle porque eran menores de edad cuando cometieron el crimen, hoy ellas tienen su vida y Clara no la tiene... Hablar de justicia, hablar de penas es fácil cuando no te tocan de cerca lo que más quieres, pero ¿qué se le puede decir hoy a esa familia?¿Y cual sería la opción de cara a dos asesinas que mataron por placer y pueden volver a hacerlo?Porque... ¿Acaso tan cruenta acción no merece un castigo mayor que el estar cinco años en un reformatorio para luego pasear impune?¿Y cúal sería un castigo justo y no desmedido? Me encantaría conocer tu opinión.

Vic dijo...

Pena de muerte, venganza, rehabilitación...
¿Qué dicen las frías estadísticas sobre la rehabilitación de personas que han estado en prisión?¿son efectivas o sólo sirven para rebajar pena?
Ojo por ojo, diente por diente...¿acaso el que no se puede defender es menos persona que el pobre desgraciado que va a la prisión?
A veces, vas a juicios donde el acusado se transforma en víctima y nadie defiende a la verdadera víctima.

Ingrid Dietrich dijo...

Ghandi decía...
Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego.

Al Neri dijo...

F.A., me parecen muy interesantes tus razonamientos.

No pensaba opinar, pero ya que me lo has pedido por email, voy a aportar mi punto de vista, que yo creo que es bastante racional frente a las dos posturas "de corazón" que ya se han expuesto (ambas a favor de la pena capital)

La pena de muerte es una manifestación del derecho de legítima defensa de la sociedad, de la comunidad, igual que a cualquier individuo se le reconoce un derecho natural a quitar la vida, en legítima defensa, a quien intenta matarle a él.

La sociedad está en efecto legitimada para colocar en situación de no hacer daño a un sujeto que represente un peligro para el bien común. Si ese peligro es especialmente grave para la convivencia, la integridad social, la paz, la supervivencia misma de una comunidad o la salud o la vida de sus miembros en su conjunto, yo entiendo que este derecho natural podría extenderse incluso a privar de la vida al agresor.


El problema es delimitar en qué casos es verdaderamente necesario ejecutar a una persona para que ésta deje de representar un peligro grave para la sociedad. Y la verdad es que a mí no se me ocurre casi ninguno, pues las cárceles de hoy en día (no así la duración de las condenas) permiten colocar a cualquier agresor en situación de no hacer ningún daño.

No obstante, sí me parece un error que la legislación española no recoja la posibilidad de la pena de muerte, aunque sea a un nivel teórico y meramente declarativo. No recogerla atenta en mi opinión contra un derecho elemental de la sociedad, que es defenderse hasta las últimas consecuencias de cualquier ataque individual que ponga en peligro los valores y la estabilidad social más emementales.

Que no se nos ocurra en este momento un supuesto que justifique la pena de muerte, no quiere decir que en un futuro no pueda darse el caso de que incluso las cárceles resulten insuficientes para neutralizar ciertos peligros que nos amenacen a todos.

No recoger la pena de muerte me parece además muy hipócrita, pues da pie a que pueda rehabilitarse de forma oportunista en el momento en que se dé una situación o unas circunstancias extraordinarias, como puede ser una guerra. De hecho, un conflicto bélico es el ejemplo típico en que la pena capital podría convertirse en único remedio para frenar ciertos crímenes y abusos de los que se cometen aprovechando la inestabilidad y la ausencia de cauces judiciales, cuando ni las cárceles son seguras ni pueden ser vigiladas debidamente.

En este momento ya digo que se me ocurren muy pocos delitos concretos merecedores de este castigo. En ninguno de los casos que conocemos, por ejemplo en EE.UU, la medida me ha parecido justificada, y mucho menos aún en los países “no occidentales”. Quizá yo defendería su aplicación en supuestos de terrorismo a gran escala, atentados contra la salud colectiva (tráfico de drogas en algún caso), daños flagrantes al el medio ambiente que repercutan intensamente en la población, estragos de gran envergadura, golpes de estado con grave efecto desestabilizador, etc. En cualquier caso, soy contrario a aplicarla a homicidas, asesinos, violadores, etc, que cometan actos aislados o que afecten únicamente a uno o varios individuos.

Además, defiendo que en el proceso penal o militar que conduzca a esta pena se exijan garantías extraordinarias, como podrían ser pruebas más cualificadas que en el resto de los juicios, menor ponderación de ciertas pruebas (por ejemplo, la testifical), necesidad de reincidencia, etc…

Perdonad el rollo.

Ingrid Dietrich dijo...

Estimado Al Neri... No sé si es que has leido mal mis comentarios ó no los has leido, pero no sé de dónde te sacas que estoy a favor de la pena capital, y de corazón, son los sentimientos, yo expongo hechos, preguntas, ideas. No juzgues tan rápido y lee mejor.

seize 9 dijo...

Quizás la pregunta quede fuera de contexto, pero ¿funciona la pena de muerte? ¿Puede demostrarse su efectividad?

Al Neri dijo...

Perdona, Pantera Rosa, te había leído muy deprisa.

Anónimo dijo...

Es un tema muy complejo, la verdad.

Comentaré varias cosas:

(1) En mi opinión, el objetivo de las condenas es erróneo: rehabilitar al agresor. Sean las estadísticas favorables o contrarias a ello (que más bien son esto último), creo que las condenas deberían tener un fin únicamente punitivo. Así, se intentaría disuadir al delincuente de volver a actuar y se le enviaría el mensaje: "si lo vuelves a hacer, ya sabes que te toca lo mismo, pero corregido y aumentado".

(2) En esas ocasiones extremas que se han señalado, considero que la pena de muerte es un castigo demasiado pequeño para el agresor, y por tanto la condena no sería proporcional al delito cometido. Yo propondría la tortura o la cadena perpetua en condiciones mínimas para permitir la supervivencia del condenado, y así intentar acercarnos de esta forma a provocar en él el sufrimiento que provocó con su delito. Eso sería lo justo.

(3) Bajo ningún concepto considero que castigar a un delincuente sea ponerse a su altura. De hecho, no castigarle convenientemente sería una injusticia manifiesta hacia la víctima. Y permitir que un agresor salga indemne o menos castigado sí sería ponerse a su altura.

Por si la dureza de mis palabras pudiera lleva a equívoco, quiero dejar claro que están basadas en un ansia de justicia, no de venganza.

Al Neri dijo...

No comparto los planteamientos de Leonardo.

Me parece una barbaridad lo de la tortura: es inhumano y responde a un concepto de pena basado en la venganza.

Después lo de la injusticia con las víctimas... Las víctimas no deberían pintar nada en este sarao, pues la pena es una cosa entre el Estado y el delincuente. Si nos basamos en las víctimas y en sus sentimientos, entonces ya digo que entramos en el terreno de la venganza, y eso me parece antijurídico, parcial y en definitiva injusto.

En cuanto a que las penas son para castigar y disuadir, y no para rehabilitar, estoy de acuerdo en que esto sirve por ejemplo para la pena de multa. Pero la prisión sí podría tener (si se quisiera) un fuerte componente rehabilitador con algunos sujetos (con muchos es imposible).Y la pena de muerte, por desgracia, puede rehabilitar poco al sujeto, por lo que su única razón de ser es o bien el castigo (volvemos a la odiosa venganza), o bien neutralizar el peligro que un determinado delincuente supone para la sociedad. Yo me quedo con este último fin.

Anónimo dijo...

Comparto con Leonardo lo de que a veces, la pena de muerte es demasiado premio para algún criminal. No estoy a favor de la pena de muerte si pienso con la cabeza con todos los argumentos que habéis expuesto.Ahora bien, si pienso con el corazón y me pongo en la situación que alguien comete un crimen a alguien cercano a mí y cuando digo cercano digo familia o muy amigos, entonces probablemente todos esos argumentos me los salte y me importen un pimiento. Querré durante toda la vida que les maten, que acaben con ellos y quien sabe si mi única 'misión' en la vida sea cargarmelos. Puede que acabe yo en la cárcel y me ponga a su altura pero en un caso así es probable que me de igual.

Al Neri dijo...

Entiendo a Chechu, que se pone en el lugar de las víctimas. Si matan a mi padre, yo también querría que se cargaran al asesino. Pero para hablar de justicia tenemos que tener la cabeza un poco fría y superar las pasiones individuales. La justicia sólo puede ser imparcial, neutral, desapasionada. No puede estar empañada de intereses particulares ni de deseos de venganza, tan lógicos en las víctimas.

Anónimo dijo...

La rehabilitación de presos me parece una de las mayores progretadas que existen, y en eso se basa mucha gentuza para cometer delitos: es consciente de que su pena va a ser extremadamente ligera en cuanto dé la menor muestra de buen comportamiento.

O sea, que encima de que un malnacido agrede a un semejante, le permites rehabilitarse, ¿no te fastidia? Y que luego le venda el pan al hijo de la víctima, o que sea su vecino. Eso, para mí, no es justicia, igual que lo que propongo yo no es venganza.

Anónimo dijo...

Estoy claramente a favor de la pena de muerte como concepto. Pero ante la posibilidad de que se pueda cometer un solo error en su aplicación (de hecho ha sucedido)no la pondría en práctica.

Ahora bien, cualquier persona que haya cometido una atrocidad debería estar entre rejas el resto de sus días, y si lo pago de mis impuestos, pues bien empleado está ese dinero.