
Supongo que cada uno allá dónde viva habrá tenido una experiencia similar de niño a la que yo voy a narrar y que será muy similar a la de todos los que seamos de pucela y de una edad determinada. En septiembre, la semana del 21, eran las fiestas de Valladolid (ahora lo son antes) y cuando eramos niños, muy niños, durante las fiestas había dos acontecimientos de asistencia "obligada". Uno era ir a las ferias a que nos montaran en los caballitos, cochechitos, ponys y compañía. El otro era que tus padres de la mano te llevaran a alguno de los puentes del Pisuerga o a Isabel la Católica a ver los fuegos artificiales. Supongo que todos de bebés lloramos (al igual que por ejemplo los perros se acojonan) cuando por primera vez nos exponen a fuegos artifiales, sin embargo esa primera o esas primeras experiencias traumáticas, no logran que a medida que pase el tiempo no nos sintamos fascinados por la explosión de luces, ruidos y colores en que se convierte el cielo de la noche y cada vez que vemos fuegos artificiales nos paremos a mirarlos embobados, con la boca abierta. Si estamos dentro de una casa salimos al balcón o a la ventana a mirarlos, si vamos en el coche y podemos nos detenemos a contemplarlos, si estamos con niños los alzamos en nuestros brazos para disfrutarlos con ellos, si estamos con la pareja la abrazamos fuerte delante nuestro para sentirlos unidos,...
¿Qué es lo que tienen los fuegos artificiales que a pesar del ruido que provocan a todos nos fascinan? ¿Porqué los usamos como símbolo de celebración, de triunfo, de jolgorio, de alegría, de fiesta? ¿Alguien conoce a alguien que no le gusten los fuegos artificiales?
¿Dónde giraba hace un año?
3 comentarios:
Yo tuve el lujo de asistir con 13 años a un concurso europeo de fuegos artificiales, en Tosa del Mar (Gerona), y fue impresionate.
Yo creo que nos fascinan por la luz, por esa luz que destellan y por esa interesante conjunción de luz y ruido como si de truenos lanzados por hombres se tratara.
A mi si que me gustaban pero tengo el único perro de la historia que después de diez años sigue ladrando y volviéndose loco cada vez que los oye(digo yo que ya tenía que haberse acostumbrado).Y claro no es que pare cuando termian sino que sigue una hora el tio pesado. Entonces ya no se si me gustan tanto como antes.
Publicar un comentario