03 octubre 2007

ESPERA QUE MIRO EN LA AGENDA...

Recuerdo como hace ya algunos años un amigo, alguien con una confianza ciega en su memoria y un ego parecido al mío como para aceptar que se nos pueden olvidar las cosas, me planteaba la posibilidad de hacerse con una agenda porque los acontecimientos le sobrepasaban y alguna vez se le había olvidado hacer algo o acudir a algún sitio. Yo en tono jocoso le decía que estaba mayor y que por eso olvidaba y mi comentario, directo a su orgullo, hacía que retrasara su adquisición de una agenda. Al final lo hizo, se hizo con algo que le ayudara a organizarse, pero me comentaba que una vez comprada, apuntaba las cosas que tenía que hacer pero después se le olvidaba mirarla, con lo cual el efecto de la agenda era el mismo que no tenerla.
Yo no sé si me estoy haciendo mayor pero cada día veo mayor la necesidad de tener algún sitio dónde apuntar todas las cosas que tengo que hacer, todas las llamadas que he de realizar, a todos los sitios dónde tengo que ir,... y todos los post que se me ocurren cuando no estoy delante del ordenador, porque recuerdo que anoche se me ocurrieron dos ideas buenísimas pero ahora no mismo no recuerdo cuáles eran, y ese olvido es el germen de este post cuando con una agenda en mi poder habría escrito algo muchísimo más brillante. Siempre que me hubiera acordado de mirarla...


¿Dónde giraba hace un año?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que nunca he dicho eso. Si ha sido así, mi memoria me ha vuelto a fallar.
Yo también necesito una agenda, pero lo peor de todo es que necesito a alguien que me recuerde que he de mirarla de vez en cuando.

Anónimo dijo...

Buen invento el de las agendas. Como decía Unamuno, no lleves en la cabeza lo que puedas llevar en el bolsillo...

Chechu dijo...

y como me fastidia tener que apuntar las cosas o tener que utilizaras pero peor es la cara de tonto que se te queda cuando se te pasa un asunto o se diluye una idea.

Al Neri dijo...

Pero ahora los móviles llevan agenda y no hace falta mirarla porque te pita.

FrAn dijo...

A mí lo que me encanta del olvido es que me hace recordar cosas que yacían olvidadas en el momento menos oportuno y cuando no las necesito.