He dicho en infinidad de ocasiones que no creo ni en el destino, ni en la suerte ni en ningún Dios, y que básicamente los tres conceptos son uno mismo en realidad. Hubo un tiempo en mi vida en que creí que sólo existía yo y lo demás no era ni más ni menos que mi Matrix particular (que conste que pensé eso mucho antes que hicieran la citada película), pero ya no lo creo. O no siempre por lo menos. Porque hay otros momentos, aquellos en que la vida se vuelve irónica, que me da por creer si no habrá alguien que mueva los hilos de la única marioneta de este mundo y los mueva precisamente en dirección contraria a su boca. O sea, a mi boca. Porque en esta puta vida si te da por decir que jamás harás tal o cual cosa, al día siguiente algo o alguien harán ineludible tener que hacerlo. Por que en este viaje, si mañana decides no volver a parar en una estación determinada, el propio tren tendrá una avería, precisamente en la estación que decidiste dejar desierta de tu presencia. Porque si cometes un agravio con una persona, otra diferente al poco tiempo te pagará con la misma moneda. Porque, sencillamente, si te da por mencionar que de este agua no beberé, a continuación te encontrarás muerto de sed en un desierto dónde el aguador sólo sirve el agua que repudiaste.
Es entonces, cuando observo a la gente de mi alrededor sufrir que lo que antes repudiaron, cuando me reafirmo en que hay demasiadas marionetas y que nadie puede tener tantas manos para manejar tantos hilos. Es entonces cuando me reafirmo en la creencia en la causalidad y no en la casualidad, es entonces cuando me reafirmo en el poder (muchas veces contrario a nosotros mismos) de nuestros actos y nuestras decisiones y no en un caprichoso mandamás y es entonces cuando me reafirmo que es imposible que yo esté solo aquí. O no...
19 mayo 2008
NO ESCUPAS HACIA ARRIBA QUE...
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3 comentarios:
Por un lado, la idea de que solo existo yo puedes encontrarla unos siglos antes que Matrix en el escepticismo/empirismo inglés (Hume, Locke, Barkley).
Por otro lado, las razones que esgrimes para negar la existencia de deidades superiores son precisamente las que utiliza mi madre para exclamar. "¡Ves, si hay un Dios todopoderoso...!
Yo me lo plateo como células de las células de la célula de otro cuerpo enorme.
Y sí, yo también escupo pa arriba y me cae encima. Cuando veo que el escupitajo me va a jorobar...no escupo, hago otra cosa.
El problema es que no aceptamos o nos cuesta mucho aceptar la casualidad. O mejor dicho la suerte (buena o mala).
La suerte forma el 90% de nuestra vida, tal vez nos creamos que podemos ser dueños de nuestro futuro o de nuestras decisiones, hasta que el accidente de un familiar, o de nosotros mismos nos trae de nuevo a la realidad.
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