A muchas personas les encanta viajar en tren, a mi no tanto. Es rápido, cómodo y vas despreocupado o incluso dormido, sí, pero a cambio has de compartir un espacio reducido con personas con las que puede no apetecerle compartirlo y tener que soportar conversaciones que no sólo no te interesan para nada sino que además te molestan e incomodan.
Desde hace muchos años creo que las mujeres trabajan más horas de las que en realidad hacen.¿Porqué? Por que hay un punto común en TODAS las mujeres (y a la que no le guste que generalice que no lea) del mundo con respecto al curro, hablar cada día al finalizar su jornada de lo que les ha pasado o dejado de pasar durante la misma. Vamos, dar su parte de guerra. Con ello, en vez de trabajar las 8 (ó 9 ó las horas que sean) de rigor, lo que hacen es currar, al menos, una más. Esa en la que siguen “trabajando”mientras hablan de ello. A mí no me molesta para nada que mi pareja me cuente cómo le ha ido su día, creo que sería mejor que desconectara al terminar su laburo y se olvidara de él hasta el día siguiente, como hacemos los tíos (que además les jode que nos les contemos lo que hemos hecho), pero si tiene esa necesidad no tengo ningún problema en que ventile sus cosillas del tajo conmigo. Ahora bien, lo que no soporto es que personas que me la sudan me martilleen con las chorradas de su mierda de trabajo. Aquí es donde entra de nuevo en el post el tren. En dos horas y 20 de viaje, dos putas cotorras, que no creo que lleven más de un mes trabajando juntas, no han parado de contarse absolutamente todo de su puto trabajo. Y qué casualidad, justo tenían que estar sentadas, una frente a la otra, delante de mí. La resabidilla treintañera con cara de mal follada (o de no follada), a la que han dado un puesto de responsabilidad, vendiendo sus proezas a la hora de resolver todos los problemas de toda la empresa desde el primer minuto que entró en ella a la veinteañera recién salida de la Uni ilusionada en convertirse en el perrito faldero de la gafotas de enfrente para algún día poder ser la arpía que la quite el puesto.. Hija, como esa amargadilla engreida sea tu modelo, no te vas a comer una polla en los próximos 10 años. Apenas se acaban de conocer y la una desnuda a la otra (y viceversa) todos los entresijos de su puesto de trabajo y las miserias de cada compañero, ignorantes aún de que antes o después, la una usará contra la otra (o viceversa) toda la información que en un viaje de dos horas de tren le confió, mientras detrás suyo, un gilipollas, debido a su interminable coñazo de conversación, era incapaz de lograr lo único que ansiaba, echar una cabezadita.
Y encima luego cambias de tren y te toca al lado un tío que hace una semana que no se lava y que ronca como un león.
Putos trenes.
¿Dónde giraba hace un año?
30 mayo 2008
COTORRAS
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9 comentarios:
A mi me gustan los trenes, y aún más los aviones. Sin embargo cada día tengo más asco y miedo a los coches.Considero que hay mucho conductor inepto al volante y que los requisitos para permitir a un sujeto manejarv un vehículo deberían ser mucho más duros de lo que son.
Ahora bien hay una desgracia que me persigue cada vez que monto en tren.Una y otra vez me toca al lado de niños pequeños, que me hunden el viaje,y padres que me instan a que comparta con ellos juegos y risas. Con lo que me gusta viajar en silencio...
Por cierto odio hablar de mi trabajo, cuando concluye mi jornada laboral.
Mi madre a menudo se interesa por mis avatares laborales cuando voy a comer allí y siempre termino discutiendo con ella por ese motivo.
Igualmente, el trabajo no es el tema que prefiero con familia y amigos.
Lo que nos cuenta FA del tren yo creo que es perfectamente aplicable a avión y autocar.
FA, te recomiendo viajar con MP3
Bueno yo tengo por norma,aparcar el trabajo en cuanto salgo de el,en lo del tren hace poco hice un viaje de dos horas y media,calificado como casi terrorifico,enfrente se me sentó una tia,a la que saludé por cortesía,ella debió pensar que le daba charla,y me contó la historia de su vida,y la pesadilla de la mia,para colmo atrás tenía a una mama catalana con dos niños de unos siete u ocho años,ambos con exceso de energía infantil,que se entretenían en tirar fuertemente de mi pelo,y la madre tan tranquila,y a mi lado para colmo una pjaponesa con un japonesito,de igual tamaño y energía que la pesadilla del aiento de atrás,que mientras me daba patadas me hablaba en japones,y la cotorra de enfrente contandome su rocambolesco divorcio,vamos todo un viaje de placer y descanso,por cierto los angelitos de atrás me pegaron tres chicles en el pelo,vamos cuando llegué a mi ciudad estuve a punto de dirigirme a renfe,y pedir que me devolvieran el importe de mi billete,por intentar volverme loca en uno de sus vagones.
Yo si hay algo que temo como a la peste es el prototipo de amigo (que haberlos, hailos) que ante la pregunta de ¿qué tal te va?, se cree en la obligación de contarme exactamente y con pelos y señales todos los entresijos de su trabajo.
A mi cuando me preguntan que tal mi día, mis contestaciones son como las respuestas tipo test: a)Bien b)Regular c)Mal y mi preferida la d)No quiero hablar de trabajo.
Si hay algo que odio casi tanto como a un socorrista es precisamente al amigo coñazo y por fafor: ¡Pesado no, pesadísimo! que me aburra contándome como el peso del ancho mundo descansa sobre sus aún más anchas y poco retribuidas espaldas.
Por otro lado, decir que a mi me gustan mucho los trenes, lo que no soporto es a los alborotadores que se montan en ellos. Esos que se creen que el tren es suyo y por eso pueden gritar, reír como si el mundo se fuera a acabar mañana, poner la música tan alta que se entera medio vagón... Pocos descarrilamientos hay todavía en el mundo.
A mí me tocó en una ocasión también en un tren, una insufrible Beata Cotorra de 60 tacos, ésa sí que no se había comido un buen "tubérculo" en toda su Vida, desde Santander a Madrid no hizo más que apología de las maravillas del celibato, la oración y la vida contemplativa y el servicio a los sierv@s de la Iglesia, exhortándome a que yo lo cumpliera!!!!... -Tía quédate en Ávila con Santa Teresa-. Yo que venía de pasar unos libidinosos y placenteros días de verano en todos los extasíacos sentidos de la palabra, la miraba y pensaba ¡Ay si te hubieran dado un buen meneo, chata! ¡Otro gallo cantaría!Desde entonces mi actitud en los vuelos y trenes viene a ser la de un ser asocial. Aunque por otro lado, un día que me pusieron la peli Big Fish en el Altaria y me dió la llantera inconsolable con jippío incluido, y el chico que venía a mi lado me ofreció su planchado pañuelo con inicial para mis mocos e inconsolables lágrimas ¡Fue tan bonito! Que me da la llantera otra vez ;-). Al final todo es una cuestión de suerte, ubicación y como dice J.M. un Mp3.
Y yo que pensaba que llevaba un humor de perros últimamente...
A mí me tocó una vez en un vagón con una tribu de gitanos, la mayoría niños pequeños. Ni que decir tiene que las continuas faltas de educación, invasión del espacio personal de los viajeros, gritos, falta de higiene y otras expresiones características de esta etnia, obligaron a todo el mundo a abandonar el vagón. Se quedaron ellos solos.
Hubiera sido peor que te hubiera tocado en uno de esos "asientosdecuatro"(dos butacas frente a otras 2) en los que no solo hubieras tenido que aguantar lo que no quieres oír, sino mirar a los ojos de alguien que no te interesa durante más de dos horas...¿Qué es más molesto: la "contaminación visual" o la "sonora"?
PD-Llegué aquí por casualidad desde el blog de un amigo,he leído los últimos post y me gustan...me quedaré por aquí
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