Esta tarde, al salir de trabajar, el sol comenzaba a acostarse (ya nos hemos devorado medio septiembre y cada día tiene sueño antes) y sus últimos susurros de calor dirigidos a mi sonrisa, provocada por la satisfacción del trabajo bien hecho, me inquirían si no me daba cuenta de que necesitaba algo, compartir ese momento con alguien, coger el teléfono y marcar el número de ella, de una, de cualquiera y decirle que estaba respirando aire de paz y que gracias a ella, a una, a cualquiera, me sentía pleno y con ganas de mejorar, que tardara en llegar a casa, que me diera tiempo a preparar la cena aunque a lo mejor no cenáramos, porque quería quererla, sumergirme en ella, en una, en cualquiera y dormirme en sus brazos, amarrado a ella, a una, a cualquiera. Entonces abrí un poco más los ojos, lo justo para mirar al astro rey de frente sin tener miedo a que me cegara y le respondí que sí, que tiene razón, que ya lo sé, que necesito un amor. Pero que no me lo repita más, que sus susurros me queman.
¿Somos marionetas? La batalla por nuestra atención
Hace 1 semana
3 comentarios:
Oh, oh , oh ...
y quien no???????????
Cuando quieres ser dulce, eres el mas dulce
Como ves la sección femenina está emocionada... me uno:
¡Ooooooooooooooooooooooooohhhh!
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