02 septiembre 2007

TORMENTAS DE VERANO

Supongo que debido al cambio climático emocional, últimamente no dejan de caer tormentas ajenas sobre mí. Jamás me ha importado albergar bajo mi paraguas viandantes en camiseta sorprendidos por tormentas de penas, pero a veces me olvido de que los paraguas son limitados en extensión, que bajo ellos caben pocos y de que cuando llueve, también lo hace para mí y aunque no me importa (incluso me gusta en ocasiones) empaparme en plena calle, olvido fácil que pocas ropas secan rápido y que los resfriados más inofensivos a veces te dejan en cama cuatro o cinco días. Creo que habrá que ir a la farmacia a por toneladas de frenadol.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

que rico eres!!. Pero no cojas resfriados ajenos, gracias por albergarme en tu paraguas, por lo menos asi lo he sentido. M

Chechu dijo...

Qué asco me da el frenadol!! El que lo ha inventado es un sinvergüenza por poner ese sabor tan amargo.

Anónimo dijo...

Hay personas con las que basta una simple mirada para comprender que su paraguas es demasiado pequeño para resguardarse de tanta lluvia, y en cambio hay otras con las que uno no está seguro de si prefieren empaparse un poco en su propia tristeza para luego agarrarse de tu brazo y sentirse resguardados. Yo sin duda pertenezco a estos segundos. No soy psicólogo, pero si alguien necesita tomarse un café hasta que escampe, pues aquí estamos...

FrAn dijo...

Me siento cien por cien identificado con este texto. Y sé como tú que hay que llevar cuidado porque si uno deja tanto que se apoyen en sus hombros la espalda puede torcerse.

Saludos.

Anónimo dijo...

Hay personas que aunque ven que va a llover no llevan paraguas, saben seguro que alguien les acogerá bajo el suyo. Pero al final el paraguas no puede cubrir a todos, y el que más se moja es el que lo porta.

Al Neri dijo...

Acabo de regresar de mis orígenes sicilianos y me incorporo al trabajo y a todogiraoelquegirasoyyo.
Esto del paraguas tiene que ver con el egoísmo, la capacidad de sacrificio, la percepción de los problemas propios y ajenos... Pero yo siempre digo que hay que tener cuidado con cobijar a terceros bajo nuestro paraguas, porque a veces ale muy caro. Nadie mejor que uno mismo para curar sus propias heridas y sufrir sus propios aguaceros. Todo en exceso es malo: hasta la bondad y la generosidad.
Además hay gente demasiado acostumbrada a llorar, a pedir, a necesitar de los demás, y así creo yo que nunca se crece...