19 marzo 2007

MI VENTANA AL CIELO


Tengo la suerte de tener una claraboya que en lo días soleados alumbra mi buhardilla, cuando llueve me tumbo en el suelo bajo su presencia y su cristal frena las gotas de lluvia que observo caer hacia mí antes de que éstas logren mojarme y espabilarme en mi apatía y en las noches de despejadas me sirve de mirador de las estrellas si no me apetece salir a la calle.
Desde muy niño, supongo que como mucha gente, he tenido la manía de en esas noches claras mirar al cielo y contar estrellas y pensar acerca de ellas. Yo pensaba siendo un adolescente, que si el sol es una estrella y tiene planetas alrededor y si uno de esos planetas que es éste en que habitamos tiene alojada vida en él, es más que posible que alguna de esas estrellas que yo miraba en las noches de verano tuviera algún planeta girando en su órbita y que alguno de esos planetas tuvieran vida y hubiera, al mismo tiempo que yo lo hacía, desde su planeta, alguien allí mirando las estrellas, pensando que en alguna de esas que divisaba, entre la que se encuentra la nuestra, hubiera algún astro con algún planeta alrededor con vida en la que en ese preciso instante hubiese alguien mirando las estrellas pensando lo mismo que él pensaba.
También pensaba que si una estrella fugaz era un estrella desintegrándose y daba la casualidad de que era una de las que tenía vida alrededor, ese momento en el que nosotros pedíamos un deseo sería el fin del mundo para los millones de seres vivos que al amparo de ella residían y que si se cumplía mi deseo, mi dicha estaría alimentada por la última desgracia de muchos otros.
Ahora, cuando me tumbo en el suelo a mirar el cielo en verano, cuando doy un paseo nocturno y mi cabeza se gira hacia arriba buscando una estrella fugaz para pedir un deseo o cuando miro desde mi habitación las limitadas luces radiantes que mi claraboya me permite ver, ya apenas pienso quien estará por allí a lo lejos haciendo lo mismo que yo (aunque estoy seguro que habrá muchos y muchos y muchos haciéndolo) y ya no tengo remordimientos de conciencia con mis deseos, pues no sólo sé ya que una estrella fugaz no es una estrella desintegrándose, sino que ya sé que mis deseos jamás se cumplen…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No todos los deseos se cumplen, pero algunos sí...por lo menos a mí.De todas formas no es bueno que te hagas mayor tan pronto, con 30 eres todavía un chaval, un buen chaval.

seize 9 dijo...

me he mordido la lengua ¿o los dedos? durante dos días, pero no lo he podido soportar. Lo siento por estropear un post tan filosófico pero...¡las ventanas de mi casa son exactamente iguales!

Rapajic dijo...

Si ya sabía yo que había un ser extraterrestre mirando las estrellas al mismo tiempo que yo...