02 marzo 2007

LA CRISTALERA

La enorme cristalera de la cafetería le permitía ver pasear a los transeúntes de la amplia avenida donde se situaba mientras se tomaba la manzanilla que presuntamente le asentaría el estomago. El malestar había comenzado a producirse a primera hora de la mañana, pero eran más de las siete de la tarde y aún continuaba su estómago centrifugando aquel recuerdo casi onírico. No dejaba de darle vueltas a lo que le había sucedido al amanecer mientras su mirada se perdía a través del cristal del garito buscando de manera inconsciente algo que le retuviera con certeza en el mundo real. Una pareja, ignorándole, se sentó en la misma mesa que él ocupaba y como sin importarles su presencia comenzaron a darse besos y cariños varios. El silencio del momento le aturdía y a pesar de ser consciente del ajetreo del lugar una horrible sensación de mareo sordo le acompañaba en su pesar.
Comenzó a retroceder mentalmente en el tiempo hasta el momento de salir de su casa. Se había levantado por inercia, como lo hacía cualquier día, sin una motivación mayor que la de cumplir con sus rutinarias responsabilidades. Ni tan siquiera se había afeitado esa mañana y con la misma ropa del día interior (exceptuando el interior) se dirigió a cumplir con su día laboral. A poco más de dos calles de su lugar de trabajo un autobús se precipitó contra un peatón y el estruendo del golpe sobresaltó su conciencia. En ese momento los viandantes comenzaron a movilizarse y a gritar pidiendo socorro, pero aquellos que acudieron a auxiliar al accidentado tan sólo pudieron intuir que la persona había fallecido hasta que a los pocos minutos el médico que bajó de la ambulancia solicitada certificó la defunción.
Ese acontecimiento le sobresaltó de tal manera que decidió no ir a trabajar y deambular todo el día sin rumbo fijo por la ciudad, hasta que avanzada la tarde entró en el local en el que en ese momento se hallaba, en la misma mesa que esa indiscreta pareja, al lado de esa gran cristalera que no solo le permitía ver pasear a los transeúntes de la amplia avenida sino que le devolvía reflejada la imagen que su mente atormentaba, la imagen de aquel peatón atropellado en medio de la calzada, la imagen de aquel cuerpo inerte yaciendo en el suelo, la imagen de su propio cuerpo recién fallecido en el asfalto...

1 comentario:

Anónimo dijo...

........y cómo sigue?.....