16 noviembre 2006

UN DÍA EN LA AP1

Si sales a las 3 de trabajar, tienes que estar a las 5 para una reunión de otro trabajo a 240 kilómetros de distancia, has de atravesar dos ciudades (la de salida y la de destino), localizar el lugar dónde has quedado (pues no sabes dónde es) y pretendes comer por el camino sólo tienes dos posibles soluciones para resolver el problema… pirarte antes del curro o llegar tarde a la reunión. Como la vida es una toma de decisiones constante y en mí lo que me apetece o lo que más me gusta suele pesar demasiado para decidir elegí no llegar tarde.
Monto en el coche y le doy al play a un cd de cosecha propia que me encanta y suena. Aún no tengo hambre, acostumbrado a comer cada día una hora más tarde me da tiempo a avanzar lo suficiente como para parar a llenar la tripa cerca de mi destino y mientras tanto lo que me como es la olla con mil paranoias presentes, pasadas y futuras. Entro en una autopista de peaje y de la mala leche que me entra por tener que pagar simplemente por ir más rápido y seguro decido que en el primer lugar que encuentre, en el que a cambio de otra buena ostia al bolsillo me den un bocadillo de mierda, calmo mi genio a bocados. En pocos minutos veo uno en la lejanía y paro. Al entrar me sorprende las pocas mesas que hay pero tan sólo un metro más adelante encuentro la razón de ese vacío… ¡¡están en obras!! Pero no he dicho que esté cerrado ¿eh? He dicho que está en obras. Y así, mientras el obrero levanta polvo con su trabajo a dos metros de distancia una camarera me prepara un bocadillo. “¡Bocadillo de serrín!” “qué originales”. Pero como no puedo perder tiempo en parar en otro lugar más salubre me enveneno con bocata de restos de local. Sin tiempo para recrearme en las obras como hacen los jubilados por las mañanas (por cierto, ¿porqué les gustará tanto juntarse a mirar como los demás trabajan?) reanudo mi camino acordándome que Rafita Nadal estará jugando con Robledo y que seguramente en Radiomarca me informarán del partido, pero no sé con qué potencia emitirán los primos del periódico que en cuanto te alejas 5 kilómetros de una ciudad ya no los pillas. Deberían tomar nota de Radio María que los sintonizas estés dónde estés y en varios diales diferentes. La verdad es que tienen mérito, son los únicos que en mi vida me han dado pruebas fehacientes de que dios está en todas partes… Mientras me desespero en la búsqueda de noticias de mi ídolo de ¿madurez? entro en una zona de obras de la autopista de… ¡30kms!. Eso sí, al llegar al peaje me cobran los 8’85 euros de rigor ¡por ir 30 kms a 80 por hora con las vistas de el culo… de un camión! ¡qué hijos de puta!
Por fin llego a mi meta y gracias a las perfectas indicaciones de con quien he quedado (sí, aún hay gente que da instrucciones perfectas) encuentro sin perderme el lugar del encuentro. Hay algo que reconocer, aburrido no fue el viajecito.
Menos mal que gracias a unas alas que me prestaron hice el viaje de vuelta volando…

1 comentario:

Faramar dijo...

Lo mejor la canción que sonó durante el viaje