A menudo pestañeo y al abrir de nuevo los ojos las cosas han cambiado y entonces me pregunto... ¿Todo da vueltas o el que da vueltas soy yo?
Recibo la invitación a una boda de la que no sabía. Pone que se celebra dentro de media hora. Ya estoy allí. Esperando. Es una calle de pueblo. No conozco a nadie. Aparece mi prima. No sabía que tuviera relación alguna con alguno de los novios. En mi móvil hay una foto de la novia vestida de novia. Me la acaba de mandar. Está preciosa. La escribo un mensaje para decirle que no se case, que la quiero. Me equivoco de número y no le llega. Mi prima quiere ver a quién he mandado un mensaje. Yo me enfado. “¿Acaso miro yo los tuyos?”. Entro en la capilla solo. Quiero esperar a que llegue la novia para decirle que no se case, que la quiero. La multitud invitada me impide quedarme allí. Me arrastra. Busco un lugar para sentarme en el pasillo por donde pasará. Quiero decirle que no se case, que la quiero. No lo encuentro. A lo lejos, en el otro lado de la iglesia, mi prima me hace señales para que vaya a su lado. Ya estoy sentado. A su lado. Estoy triste. Desde allí no podré decir nada. Miro a mi alrededor. No reconozco a nadie. En el banco de detrás de mí aparece un amigo. Está sentado a mi lado. Me sonríe. Aparece la novia. Está tan guapa como en la foto que me acaba de mandar. Se sube a un estrado. Coge un micrófono. Dice que quiere ver si hemos ido todos los invitados. Llega a mí. Su mirada se detiene. Sonríe. Deja de comprobar. Dice “sí, estamos todos”. Ella sabe lo que pienso al ver mi mirada. Siempre supo lo que pienso con sólo mirarme. Me pongo en pie para decirle que no se case, que la quiero. No me salen las palabras. Intento elevar la voz. Ningún sonido se emite desde mi boca. Ella sabe lo que estoy diciendo. Lo sabe por mi mirada. Nadie más entiende que pasa. No me escuchan. Los bancos desaparecen. La gente baila. Ella se acerca a mí. Su novio va detrás de ella. Persiguiéndola. Se detiene en frente de mí. Me dice que está enamorada de mí. Me besa. Él pregunta que qué está pasando. Ella le ignora. Me sigue besando...
No os preocupéis, tan sólo ha sido un sueño. ¡Y yo odio soñar!
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