Supongo que todos en nuestra vida hemos tenido al menos un día en el que el único premio que dos esperaba era, simplemente, seguir viviendo.
Yo he tenido tres de esos días. Tres días en los que me vi más para allá que acá, pero en esos tres días algo (yo creo que en los tres casos fueron mucha sangre fría, propia en dos casos y ajena en otro) hizo que aún ande por aquí pululando.
No sé porqué (bueno sí, porque he pasado por allí) pero hoy me ha venido a la memoria uno de esos días...
Era una mañana de sábado, de un sábado como otro cualquiera y yo iba a dirigir al equipo que entrenaba (fútbol, cadetes) junto a mi hermano pequeño. Íbamos por la ronda que circunvala Valladolid, una autovía de dos carriles por sentido separados por una mediana, hablando tranquilamente. La mañana era soleada. No había mucho tráfico y se conducía de manera relajada.
Comencé a adelantar a un camión en plena curva y cuanto estaba a mitad de su remolque pasó algo muy extraño (en la carretera y dentro de mi cabeza). De repente Rober dijo "¡Qué viene uno de frente!".
Y mi coco, como en cosa de un máximo de un segundo, empezó a pensar (recuerdo perfectamente todo lo que pensé, demasiado para tan poco tiempo): "¿Me he equivocado? ¿Porqué he adelantado sin mirar? ¡Si estoy en una autovía! ¡Es un conductor suicida!". Y rápidamente pisé el freno para regresar a mi carril primitivo por detrás del tráiler, mientras vi pasar por mi izquierda, a toda hostia, al Mercedes gris que un hijo de puta conducía en sentido opuesto al debido.
En unos segundos ninguno de los dos dijimos nada, hasta que yo le dije "¿¡Pero qué ha pasado!?" y él me tranquilizó diciéndome: "Pues que si no andas tan rápido para meterte detrás del camión nos mata ese hijoputa ".
No sé qué puede entrar en la cabeza de un zumbao así para meterse en una autovía de frente a todos los vehículos y atentar, de manera aleatoria, contra las vidas de quien en ese momento circulen por allí, pero sí sé que en mi cabeza lo que pasaba era la idea de tener la sensación de que era uno de los días en que, si no nací de nuevo, sí, al menos, no morí por primera vez.
22 abril 2009
UNA VIDA MENOS DE LAS 7 CON LAS QUE COMENCÉ LA PARTIDA
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