25 abril 2007

PREJUICIOS

Voy al cine tranquilamente, intentado desconectar de mi mundo y con la esperanza de que Jim Carrey me sorprenda por tercera vez (“El show de Truman” y “Olvídate de mí”). Entramos y tan sólo tres o cuatro parejas y un grupo de 6 ¿rusos? ocupan la sala. Mientras el trailer de “Spiderman 3” me deja con la boca abierta me pregunto que harán 6 ¿rusos? hablando ¿ruso? en el cine, cuando en ese momento Al Qaeda parece estar entrando a hacerme compañía. Unos 10 ó 12 moros deciden que el mejor lugar para ver la película de una sala de cine de 500 butacas es justo detrás de mí. En esos momentos me doy auto instrucciones del tipo “tranquilo, es gente normal que viene a ver la peli como tú”, “tú no eres racista, no tengas prejuicios” y cosas por el estilo y poco a poco me voy centrando en el film, pero no han pasado ni 5 minutos de visionado y aún no han parado de hablar en ¿arabe? Entonces tres de ellos deciden que su sitio no les gusta y saltan por encima de las butacas hasta sentarse a mi lado (con una silla de separación). A los 10 minutos el que está justo detrás de mi se cree que está en una mezquita y se quita los zapatos (los calcetines no porque no llevaba) y los planta por encima de la butaca, justo al lado de mi oreja izquierda y… ¡eso no! eso no lo soporto, así que me doy la vuelta y le dirijo la peor de mis miradas a lo que me responde con un movimiento hacia atrás de sus pies de… ¡2 centímetros¡ A lo que le sigue por mi parte un temerario “¡Qué bajes los pies!” y entonces reacciona y los baja. A la media hora los tres que no veían bien desde atrás y ganaron un puesto de cercanía a la pantalla se aburren de la película y empiezan a manipular sus móviles, al principio piensas “mientras los tengan en silencio que hagan lo que quieran, pero que no molesten” y después le das una vuelta más de tuerca a tus pensamientos y… “como estos salgan de la sala después de jugar con los móviles cojo a mi acompañante de la mano y sin decirle porqué salimos escopetados de aquí”, pues pensado y hecho, los tres figuras se van de la sala y el mendas y cia abandonan el cine más rápido que ellos.
Tras toda esta escena no me queda otra que pensar que por mucho que me pese, sí, soy racista (aunque sólo con los moros, bueno y un poco con los gitanos, pero racista al fin y al cabo), que no me educaron así, ni me gusta, ni me siento orgulloso de ello, pero que mis pensamientos y conductas así me delatan.
Por cierto, hoy leo el periódico y parece que los cines de Equinoccio no saltaron por los aires. Otro día le daré la segunda oportunidad al número 23.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

En un viaje en tren me ocurrió algo similar.Compartía el espacio con 4 marroquíes descalzos y un olor insoportable. Lo que más me molesta es que al final uno cede sin tener porqué hacerlo. Muchas veces los prejucios están totalmente justificados.

Anónimo dijo...

Yo tengo la fortuna de trabajar los sábados por la mañana.
Hace dos fines de semana, mientras iba a trabajar a las 9:30 horas, unos sudamericanos muy simpáticos empezaron a decirme de modo continuado "gafitas, gafitas, gafitas....".
En esos momentos uno piensa "¿este es tonto o solo me lo parece a mi?.
Al final la prudencia hace que pases de largo sin decirle nada, pero continúas andando unos pasos, y el gilipollas de turno remata su gracia con un "gafitas, hijo de puta".
En ese momento te planteas ¿me cago en concha de su madre? ¿me encaro con el y terminamos a ostias?.
El problema es que de esta gente no te puedes fiar, porque lo mismo te sacan una pipa que una navaja o un cuchillo o vete a saber que...
Es triste que esta gente venga aquí para hacer esto, porque se podían haber quedado en su país tranquilamente si solo querían reirse de los españoles que van a trabajar a las 9:30 de la mañana como yo.
Esto, lo tenemos ahora, en época de bonanza económica, pero el verdadero problema lo tendremos dentro de unos años (espero que muchos) cuando estemos en una crisis económica y aumente el paro.
No seamos ingénuos y pensemos que estas situaciones no llegarán, porque llegan y entonces se demostrará que somos tan racistas como como cualquiera de nuestros vecinos (acordaros sino de lo que sucedió en Paris hace no tanto tiempo).
Aunque sea políticamente incorrecto decirlo, me considero racista, porque mucha de la inmigración que nos esta llegando va en detrimento de mi seguridad o de mi percepción de seguridad.

Chechu dijo...

Desde hace varios años tengo un montón de alumnos sudamericanos, subsaharianos, de europa del este...no tengo ni un problema con ellos ni con sus familias pero sus costumbres son el problema. Quieren en cuanto a eso, que me adapte a ellos y no al contrario.El problema mayor de los inmigrantes y gitanos es de convivencia; porque creo que el económico que comoenta "anthony" aun es pequeño, un 10%, de lo que puede ocurrir en unos años.No soy racista pero eso si, cada inmigrante, sea de donde sea,que cometa un mínimo de no saber estar, debería ocurrir como en Suiza," se les coge por las orejitas se les planta en la frontera y se les sugiere verbal o físicamente que se olviden de que existe un país llamado España."

Anónimo dijo...

Hace 3 años estuve de vacaciones en Egipto. En esos viajes a parte de tu pareja no conoces a nadie, pero terminas haciendo amistades enseguida y fue lo que ocurrió esa vez. Un grupo de nosotros (seriamos unos 10) decidimos visitar una Mezquita, con lo cual cogemos unos taxis y nos vamos para allá.
Ya íbamos advertidos de que las mujeres no pueden entrar con tirantes, con lo cual hay que taparse los brazos, el pelo también ha de taparse con un pañuelo y por supuesto nada de pantalones cortos, ni falditas.
Una vez allí las dicen que ellas no pueden entrar por donde entran los hombres. Si quieren ver la Mezquita tienen que entrar por otra puerta, subir una escalera y verla desde arriba, desde una especie de balcón, casi, casi a vista de pájaro.
Coño, a ninguna se la ocurrió montar la tercera guerra mundial, ni ciscarse en la madre que parió a los Javivis, ni darnos una charla sobre lo machista que es el Islam. Si vas a un país que no es el tuyo has de respetar sus costumbres y no al revés. Pues a parte de soportar las bromas (yo fui de los que más tocó los cojones) con aquello de: "Y dad gracias, que si fuera por mi os hacía barrer la Mezquita entera..."
¿Soy racista? Seguro que sí. Yo nunca diría lo que leí en el periódico hace un par de días: Un joven magrebí detenido por atracar a punta de navaja..., yo diría que un hijo puta moro me dió un susto del copón cuando me sacó una navaja, me la puso en el cuello y me quitó toda la pasta.

seize 9 dijo...

pues que suerte tenéis, que sólo os encontráis con gilipollas moros o sudacas, que no creo que sean más del 30% de la gente con la que is cruzáis. Yo me suelo cruzar con gilipollas apestosos de todas las razas, colores y religiones.

Rapajic dijo...

Seize9, tienes absolutamente toda la razón y eso es precisamente lo que no me gusta de mi actitud, que si veo a alguien (o a mí mismo) hacer algo inapropiado catalogo a esa persona de manera individual y si lo veo hacer, por ejemplo, a los del otro día inmediatamente pienso que lo hacen por ser moros. No es justo y eso no me gusta de mí, pero es lo que pensé y sentí y por eso no puedo ser un cínico y decir que no soy racista cuando en realidad me muestro así. No sé porqué pero los moros me dan yuyu.

Anónimo dijo...

Eso no es ser racista, sino simplemente que te desagradan los comportamientos antisociales y poco respetuosos. Con los gitanos que se resisten a asumir normas elementales de convivencia pasa exactamente igual: producen rechazo al margen de su etnia.

En el peor de los casos, se te puede decir que sientes rechazo hacia culturas diametralmente opuestas a la tuya. Pero a eso yo nunca le llamaría racismo. Además ese rechazo me parece de lo más natural cuando hablamos de culturas primitivas basadas en la venganza, en valores bélicos, en la dominación y postración de la mujer, en el fanatismo religioso o en el odio entre otras lindezas.

A mí me dan igual el color de la piel y los rasgos raciales, pero no tengo miedo a ser políticamente incorrecto al afirmar claramente que no todas las "culturas" son igual de civilizadas, respetuosas con la dignidad humana y por lo tanto asumibles por alguien con un mínimo de sensibilidad.

Habría que revisar el discurso facilón sobre el "respeto a la cultura gitana" o a los "valores de los inmigrantes". Lo primero que tienen que hacer los calés o los moritos es un esfuerzo por convivir con normalidad con las personas que les rodean, superando su guetismo social y cultural. Nadie puede esperar ser aceptado con los brazos abiertos por una sociedad cuando conculcas y pisoteas sus normas más básicas.

Esta historia es muy vieja y ya se dio tras la diáspora hebrea, causando muchísimos problemas. Pero el tema de los judíos casi mejor ni lo tocamos... Pero insisto: no es racismo, y tampoco es pretender que nadie renuncie a su identidad cultural, sino que la gente se aprenda un poco ese refrán tan sabio de "allá donde fueres, haz lo que vieres", y si no son capaces, que se encierren en su país, en su gueto, en su casa y dejen de perturbar y de ofender.