24 febrero 2009

LA CARTA

Han pasado más de 15 minutos de las 5 de la tarde y Montse sale de la cafetería de enfrente a su oficina, dónde habitualmente toma su arma diaria contra el tedio y la siesta antes de comenzar su jornada vespertina. Hoy se ha tomado más tiempo de lo habitual pues una carta recibida por la mañana la ha dejado en estado de shock. Ensimismada por lo que la misiva contenía llamó con urgencia a Rebeca para hacerle partícipe de la misma y así compartir al amparo de un café solo, muy cargado, su inquietud por el sobre recibido. No podría compartirlo con nadie que no fuera ella. Durante la llamada Rebe, como ella la llama, le ha dicho que precisamente hoy ha soñado con ella, que en el sueño le pedía ayuda para algo que no recuerda, pero que en el sueño la veía muy mayor y viviendo en el extranjero. Huyendo del humo de la cafetería Montse se dirige aliviada, emocionada y envalentonada a su, hasta ahora, puesto de trabajo. Rebe permanece dentro del bar, sentada, inmóvil, con la mirada perdida y el pensamiento en el infinito, sin dejar de leer una y otra vez la carta que Montse ha recibido por la mañana.
Ambas se conocieron hace más cuatro años en clases de pádel. Su falta de coordinación las unió en el grupo de menos nivel dentro de los de iniciación, grupo que jamás abandonaron pues sus progresos fueron nulos pero que, con el tiempo, forjó una gran amistad entre ellas. Esa amistad navegó por mares de cafés y confidencias hasta llegar a ser la una confesora de la otra. Justo hasta hoy, justo hasta el día presente, el día en que Montse piensa dar un giro brusco a su vida alentada por una carta que acaba de recibir:

Querida Montse:
Sé, porque así lo recuerdo, que lo que vas a leer a continuación te va a conmocionar. Aún así lee con atención. Esta carta no es ninguna broma.
Ayer recibí en sueños la visita de una amiga que hace mucho no veía y que ya apenas recordaba. En la ensoñación me dijo que venía en tu nombre. Su nombre es Rebeca, supongo que sabes a quién me refiero, si no es así te diré que se trata de una mujer de apenas 30 años, no muy alta, atractiva, con mirada tranquilizadora y de trato afable. Para más señas me contó que os conocisteis hace unos años, jugando a pádel, y que desde entonces sois grandes amigas.
Me dijo que venía en tu nombre pues tú no eras capaz de contactarme. También me dijo que me necesitas, que te encuentras perdida, que tu vida te ahoga, que no sabes hacia dónde encaminarla y que sólo yo puedo ayudarte a encauzarla. Me pidió que hiciera un esfuerzo por aconsejarte en tu camino. Por eso de esta carta, pues no se me ocurre otra manera de hablar contigo.
Si el día que recibas esta carta Rebe, mientras tomáis un café, te cuenta que ha tenido un extraño sueño en el que hablaba contigo siendo mayor de lo que eres ahora haz lo siguiente: Sal de la cafetería, dirígete a tu oficina y despídete de tu trabajo. Ve a una agencia de viajes y busca un vuelo sólo de ida a Australia. Allí hay mucho con lo que ayudar tras los incendios que la han asolado y te sentirás plena al colaborar en reconstruir pueblos y familias que todo lo han perdido. Además sé que es un país que te fascina desde que has visto hace pocos días en el cine la película que lleva su nombre. Ese vuelo al otro lado del mundo será la brújula que guíe tu vida.
Recuerda, si hoy, tras leer esta carta, Rebeca te habla de ese sueño en el que habla contigo en el futuro , no lo dudes, despídete de ella dándole las gracias, deja tu trabajo y vete a Australia. Sin más. A partir de ahí, ¡vive!

Sin más, recibe el más afectuoso de los abrazos. Hasta muy pronto.

Monserrat Mena Cantero en Sidney a 26 de Febrero de 2029.


Dedicado a tod@s aquell@s que no hace mucho contactaron con su "yo futuro".

2 comentarios:

Majo dijo...

Me has recordado estos versos de una canción de Silvio:

"Soltar todo y largarse —qué maravilla—,
atesorando sólo huesos nutrientes
y lanzarse al camino pisando arcilla,
destino a las estrellas resplandecientes"

Sólo añado que los cambios radicales son geniales al principio; más tarde se convierten de nuevo en rutinas, sólamente que en otro lugar y en otras circunstancias...

Anónimo dijo...

Me recuerda a Kavafis con aquella poesía:
"Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.........
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste"

Pues eso, que "la ciudad" siempre te seguirá.........