Ya dije aquí hace tiempo que la sinceridad está sobrevalorada. De la misma manera que creo firmemente en ello me decanto a pensar que, sin embargo, la honestidad se infravalora en exceso. ¿Y porque hago esa distinción tan dispar con ambas cuando aparentemente parecen dos puntos de un mismo continuo? Pues porque creo que la sinceridad tiene que ver con nuestro mundo exterior, con lo que les contamos a los demás, con lo que decimos u ocultamos a quienes forman parte de nuestro alrededor, más o menos cercano. Sin embargo la honestidad es intrínseca a nosotros mismos, cuando somos honestos nos decimos vedades como puños, por mucho que nos duelan y cuando somos deshonestos, en realidad, a la única persona que engañamos realmente es a nosotros mismos, aún obteniendo beneficios externos por ello.
A mí no me desagrada que una persona no sea sincera, me puede doler momentaneamente (espcialmente si es a mí dirigida) la mentira que cuente, o que calle una verdad, siempre y cuando esa persona sea consciente de lo que hace, de porqué lo hace y, sobre todo, de las consecuencias que ello puede conllevar. Algo así como pensar, lo que hago tiene estos riesgos y los asumo y si conlleva consecuencias negativas, las tendré bien merecidas y no me quedará otra que acatarlas. Ahora bien, no soporto a las personas deshonestas, aquellas que se creen sus propias mentiras o las aparcan a un lado de su camino, que se creen más listos que nadie y que saldrán impunes de sus mentiras. Me desagradan especialmente esos que van por ahí pensando que valen para todo, esos que no tienen un no en la boca a nada para todo lo que conlleve beneficios externos, aquellos que jamás de los jamases renuncian a nada que pudiera interesarles sin considerar que están preparos para ello, esas personas que, en definitiva, no están dispuestas a arriesgar una posible pérdida ante una probable ganancia.
Un ejemplo concreto, me gusta la honestidad con la que ayer Michel renuncia a su puesto de trabajo de manera voluntaria por creer que obra bien y que es lo que debe hacer, auqnue no tenga porqué hacerlo.
Ahora bien, con todo esto, que no son ni más ni menos que mis sentimientos acerca de lo que producen las personas honestas o deshonestas, he de reconocer que en esta sociedad la honestidad no está valorada como yo creo que se debiera y que ser honesto no es rentable para uno mismo. Aunque a mí me guste serlo.
Hace un par de meses, tras renunciar a un trabajo que me ofrecieron para el que creía que otros lo harían mejor que yo, la persona que me lo propuso me escribió un mail en el que entre otras muchas cosas me decía que "eres la persona más honesta que jamas he conocido". Sin dudarlo fue una de las cosas más bonitas que me han dicho en mi vida, pero la realidad es que ahora yo no tengo ese trabajo para el que creía no valer y para los que creo que sí valgo, tampoco.
04 diciembre 2008
DESTRUCTIVA HONESTIDAD
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
La honestidad sin otro motivo secundario es muy encomiable ahora bien, no se por que me da, que dentro de la honestidad de Michel, creo que esta dimisión y en este preciso momento lleva un trasfondo mayor, con un posible beneficio.
Y no has pensado que esas personas se pueden auto-engañar con respecto a sus cualidades y verdaderamente se crean que valen para eso y mucho mas.... y eso no sería una falta de honestidad (ellos son coherentes con sus pensamientos) sino de objetividad....
Un ejemplo: yo soy un editor y pienso que tus relatos son un bodrio y tú sin embargo crees que son la repanocha de buenos ¿eres deshonesto tú?
PD- Yo no creo que lo escribes sea un bodrio ¿eh?
Pues a mí me da muchos problemas la sinceridad. Así que mejor calladita y dando largas...
Vic
Publicar un comentario