03 enero 2008

¡QUE LOS REYES NO EXISTEN!

Recuerdo el día en que dejé de creer en los Reyes Magos a cambio de fortalecer mi autoestima, fue el mismo momento en que dejó de gustarme el baloncesto. Fue durante una semana de enero de hace muchos años...
Durante toda la tarde del 5 de enero había estado recorriendo mi ciudad de la mano de mis padres, pasando frío y viendo una cabalgata en la que unos impostores se hacían pasar por los verdaderos magos de oriente. La gente les aclamaba a su paso y a cambio recibían caramelos. Yo sabía que esos no eran los verdaderos reyes magos por dos razones, en primer lugar porque el negro me sonaba de algo y en segundo lugar, pero la prueba más evidente, era porque los verdaderos no tirarían así, tan de mala leche, los caramelos a los niños, que a una niña que estaba a mi lado la dieron con uno en la cabeza y no dejó de llorar ya la pobre en todo el resto de la cabalgata. Los reales bajarían a dárnoslos en la mano. Después ya nos fuimos a casa, mis padres querían que me fuera pronto a la cama y me daban excusas tontas como que si venían los reyes y me encontraban levantado o despierto no me dejarían nada. Y yo pensaba, "cómo van a venir tan pronto si antes tienen que pasar por miles de casas, qué pasa, ¿que va a ser la nuestra la primera?" A mí me daba la sensación de que los que tenían sueño eran ellos, "¡pues si tienen sueño que se vayan ellos a la cama!" pensé. Pero el caso es que ante la posibilidad de que no me dejaran nada preferí no jugármela e irme a dormir, había intentado ser bueno durante todo el año (especialmente durante los últimos días) y no era plan ahora de fastidiarla por una bobada. Me quedé dormido muy rápido, pero a media noche escuché unos ruidos muy raros. Mis padres siempre dejaban abierta la puerta de mi habitación para que no tuviera miedo, y por el pasillo vi unas sombras de personas que iban y venían cargadas de cosas. "¡Los reyes Magos!" pensé, pero ante el miedo de que pudieran ver que les veía y se llevaran lo que me habían traído, me tapé la cabeza con las sábanas y me volví a dormir.
Horas después ya me desperté y corrí raudo al cuarto de estar, donde la noche anterior había dejado mis zapatos, para comprobar cuáles eran mis regalos. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que ¡no ne habían traído nada! Y no sólo eso, no sólo no me habían dejado nada sino que se habían llevado todo lo del salón. Rompí a llorar y me dirigí a la habitación de mis padres que aún dormían.


- Mamá, ¿he sido muy malo este año?
- No hijo, ¿porqué dices eso?
- Porque no me han traído nada los Reyes.
- ¿Cómo que no? Si te han traído muchas cosas.
- No mami y he debido ser tan malo que además se han llevado todo.
- ¿Qué dices?

Al oírme se levantaron los dos de la cama y corrieron al salón. Se quedaron más asustados que yo mismo.


- ¡Nos han robado! - gritó mi madre.
- ¿Nos han robado porque he sido malo? - le pregunté yo.
- No hijo, tú has sido muy bueno. Nos han robado unos señores malos. Pero tú has sido muy bueno - me contestó acurrucándome contra ella.

Y yo, aunque desilusionado, me quedé más tranquilo. Sólo que desde ese día ya no quería saber más de los Reyes Magos, que eran unos señores malos que nos habían robado.

A los tres días, para compensarme del disgusto, mi padre me llevó a ver un partido de baloncesto, yo iba supercontento y ya casi se me había olvidado todo lo de la mañana del día de reyes. Me lo estaba pasando en grande a pesar de que el equipo de mi ciudad perdía por 5 puntos. Al ver que perdíamos el entrenador decidió hacer un cambio. Y entonces, cuando estaba a punto de saltar a la pista le reconocí...

- ¡¡Mira papá, ese que sale ahora, el negro, ese es Batalsar, el que nos ha robado!!
- Que no hijo, que ese es Nate Davis.
- ¡Que no papá, que ese es Baltasar, el que nos ha robado, que le vi en la cabalgata!



Desde entonces no me creo mucho la milonga de los Reyes Magos, y no deberíais creerosla vosotros tampoco, porque en realidad no existen, sólo son jugadores de baloncesto que como ganan menos que los de fútbol esa noche se dedican a robar las casas de la personas que creemos que tenemos que estar dormidas para que nos dejen algo.
Y que quede una cosa muy clara, que yo soy más bueno...

9 comentarios:

LoOla dijo...

A mí este año no me van a dejar nada de nada, ya verás... Con esto de ser bruja y mantener el tipo de mala malísima lo tengo negro-agujero-del-culo...

Por lo tanto me suda el clítoris que existan o no... Y si me dejan carbón, para la chimenea, que a falta de no tener quien me abrace... algo es algo, ¿nO?

Saludos!

FrAn dijo...

Pues yo creo que lo descubrí de otra manera. Aunque nunca se me olvidara cuando iría a primero de primaria o algo así y unos chavales de lo que entonces era 8º se pusieron a decirme que los reyes no existían y yo me encaré con ellos y en mi enana pequeñez les empecé a decir que sí que existían y ellos(no sé porqué) se rieron de mí en toda mi cara. XD

Felices reyes!!!

Anónimo dijo...

Muy chulo el cuento,me ha gustado.Yo creo que fui de las últimas niñas del cole que descubrí que los Reyes eran los padres, pero la ilusión no la he perdido y estoy segura que me visitarán la noche de Reyes.Es que he sido muy buenaaaaaa.....

deniman dijo...

¿Que los reyes no existen?
Porqué no te callas.

PD: Claro que me gustan estás historias

Ingrid Dietrich dijo...

¿Y qué edad dices que tenías cuando te pasó? ;-)

Vic dijo...

Yo, primero descubrí que escondían los juguetes por la casa. Y los abría. Y después decidí que ya lo sabía...

Anónimo dijo...

Al final no sé si los reyes no existen, si son los negros de la NBA,o son ladrones.

Anónimo dijo...

Joe¡¡¡, me has chafado la sorpresa.
¡¡¡Que cabrón¡¡¡, yo no lo sabía.

Anónimo dijo...

como siempre he pasado un buen ratito mientras leia tu historia(por cierto se me ha escapado alguna carcajada,,jajaja!!)
FELICES REYES!!