Hay etapas de tu vida que sin saber cómo, guardas en un rincón muy escondido de tu memoria, en un armario cerrado con una cerradura que sólo puede ser abierta sabiendo la contraseña de 17 cifras que, apuntada en un trozo de papel, decidiste tirar al fondo del mar del olvido. No son etapas repletas de continuos momentos lamentables o despreciables no, simplemente son periodos de tiempo que se alargan más de lo necesario y al finalizar te dejan para siempre un regusto amargo en el recuerdo del que prefieres huir apartándolos de tus reminiscencias.
Yo tengo dos de esas épocas que prefiero no rememorar y que tan sólo ocasionalmente aparecen en alguna de mis conversaciones, ya sean éstas internas o compartidas.
Una de esas épocas son mis 9 meses de mili.
La otra los más de tres años en los que tuve un bar de copas. Sé, y si hago un esfuerzo por recordar recuerdo, que esos 3 años (especialmente los dos primeros) estuvieron plagados de grandes momentos, de mucha diversión, de buenos ingresos económicos, de bastante sexo, de conocer mucha gente, de un cierto punto de locura,... aún así, intento olvidar, por activa y por pasiva aquellos tiempos, porque tengo la sensación de que me quitaron mucho más de lo que me dieron. Pero todo eso lo pienso hasta momentos como el de ayer, cuando dos de los camareros que me acompañaron en mis andanzas de esa época me llaman para tomar algo y, como sorpresa, me tienen preparado mi último regalo de reyes. Un regalo que me llega a lo más hondo del corazón. Simplemente es un jersey, muy bonito por cierto, pero es un jersey que a mí me dice mucho más de lo que me va a abrigar, me dice que sí quedaron algunas cosas buenas de todo aquello, al menos quedó el cariño y la amistad sincera de dos chavales de ahora 25 años, que periódicamente se acuerdan de mí y siempre me hacen sentir realmente querido y apreciado. Se llaman Marcos "Guti" y Juanjo y, cuando días como ayer me hacen recordar aquella experiencia, sólo les recuerdo a ellos riendo, cantando, bailando, ligando (bueno intentándolo, jeje) y sobre todo, ganándome la cena a los dardos.
Supongo que todas las épocas regulares tienen su lado bueno y supongo que casi todos los lados buenos tienen que ver con personas, con personas que te quieren y personas a las que quieres.
Juanjo y Guti, muchas gracias, no sólo por el jersey, sino por todo lo que compartimos juntos, todo lo que me ayudasteis por entonces y todo lo que me habéis demostrado desde aquellos días. Os quiero mucho amigos.
Ah y bueno, también recuerdo alguna cosa buena más, como a Anthony detrás de una barra sin parar de servir y de ligar... ¡¡Qué gran camarero se perdió la noche!!
¿Dónde giraba hace un año?
25 enero 2008
GUTI Y JUANJO
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2 comentarios:
Bueno de la mili no sé, pero de lo demás... ya sabes...todo lo que pasa, ocurre para bien...
Nos tienes que contar cuáles fueron tus experiencias negativas en la mili, aunque creo que te comprendo; a cualquier persona con creatividad, sensibilidad y personalidad (como es tu caso), le resulta difícil adaptarse a un ambiente tan plano y tan cutre como el del servicio militar (es peor que las pelis de Esteso y Pajares...)
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