Pasea delante de mí, no sabe a dónde ir, supongo que le da igual, hace años que ya no tiene un destino. Yo le sigo. Tendrán 16 años, 17 tal vez, se besan y al separar sus labios ella le mira hacia arriba y apoya su rostro sobre el pecho de él. Ignoran que algún día acabará. Yo les envidio. La prisa por el autobús que no puede perder le hace no ver el coche que se aproxima a su izquierda. Cruza corriendo. El coche frena bruscamente para no pillarla alertando a todos los que transitamos la calle. Ella se asusta y pide perdón. Se le ha olvidado que tenía prisa. Yo sigo corriendo. Pasa todo el día encerrado en su casa, sentado en el sillón, tumbado en la cama, comiendo a deshoras, esperando que alguien se acuerde de él. El teléfono nunca suena. Yo sigo sin cobertura. Teje con paciencia. Una chaqueta para un bisnieto próximo. De vez en cuando se para, cierra los ojos y se recuerda moza. De vez en cuando se para, cierra los ojos y recuerda a sus hijas jugando con muñecas. De vez en cuando se para, cierra los ojos y recuerda a sus nietos correteando por el pasillo. Y yo sigo envejeciendo.
08 agosto 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
Cada dia lo haces mejor, escribir quiero decir, jiji
Sin comentarios.
Un 10.
Esto q has escrito es d las mejores cosas q he leído en mi vida, enhorabuena.
Alguien q t quiere.
Publicar un comentario