La cena de nochebuena es uno de esos acontecimientos que no dura una noche sino todo un día. Te levantas el día 24 tarde(sobre la una más o menos) porque la noche anterior ha sido muy dura entre tanto cava y tanto brindar y ves que tu madre lleva por lo menos 15 horas levantada preparando 47 platos diferentes para cenar, que cada año durante la cena dice que al año que viene hará menos, pero su memoria no alcanza hasta 365 días. Y la verdad es que no sabes porqué, pero ese día, hasta las 6 de la tarde, más o menos, siempre está de mala ostia. Qué si nadie la ayuda, que si lo tiene que hacer todo, que si no la da tiempo a ir luego a felicitar a la familia, que si... el caso es gruñir, con lo que a ti te duele la cabeza del cava de anoche.
Es más o menos a partir de las 4 de la tarde cuando empiezas a recibir 456382 mensajes de felicitación navideña, que se pueden archivar por categorías, los “graciosillos” de los colegas cercanos tipo “En estas fechas de paz y amor trata a los demás con tolerancia, haz como yo, envía un mensaje a un amigo Maricón” , los cursis que te mandan las amigas para que tú se los mandes a otras amigas del tipo “Si ves a un hombre con barba, que viste de rojo e insiste en que te metas en su saco, no temas, es porque alguien ha pedido un tesoro”, los de aquell@s que se creen la ostia (“En estas fechas quería mandarte algo gracioso...increíble...tierno...sexy...dulce y muy entretenido. Pero lo siento, yo no entro por la pantalla) y los sosones que siempre empiezan con “en estos días de paz y amor...” y entonces te llega el verdaderamente interesante “A las 6 en el bar tal (que no quiero hacer publicidad) para brindar”. Y ahí empieza la cena de navidad de verdad, porque ese mensaje en el causante de que llegues a cenar con un gorro rojo en la cabeza, entrando por la puerta de tu casa cantando “esta noche es nochebuena,...” y con una melopea de la ostia mientras todos te están esperando con hambre y mosqueados porque llegas tardísimo.
A partir de ahí es cuando tu madre empieza a lucirse y empieza a sacar todo lo preparado, para picar 15 tipos de canapés diferentes, un poquito de pulpo y unas banderillas, después los langostinos y melón con jamón, ensaladilla (que luego estás comiendo y cenando ensaladilla durante una semana de la que ha hecho), a continuación algo que no sabes qué es pero que lo ha hecho la madre de tu cuñada, después la contribución culinaria de tu padre (que sí, que los padres no cocinan en todo el año, pero ese día siempre aportan algo y a ser posible raro, como si nos fuéramos a quedar con hambre), más tarde un poquito de marisco, luego vienen las almejas a la marinera, a continuación un poquito de pescado (normalmente bacalao o merluza) para continuar con la carne ( en esta zona lechazo asado o en chuletillas) y, tras la pregunta de tu madre, que suena a recochineo de “¿alguien se ha quedado con hambre?” llega el postre, que como no sea en el bolsillo, no sabes dónde vas a meterlo... y para terminar siempre está la alternativa de “¿Y un poquito de piña? Para desengrasar”, “para desengrasar a mí mejor me traes un chupito de Fairy” te dan ganas de contestar. Bueno el caso es que se ha terminado la cena, pero aún no te has librado de comer, porque mientras juegas a las cartas o al bingo (que por cierto, ¿porqué jugaremos al bingo en navidad con lo coñazo qué es?) la mesa está adornada de, al menos, 3 bandejas diferentes. Una de turrones, muchos y variados, que como es navidad habrá que probarlos. La segunda de polvorones y cosas raras envueltas con papeles de colores, que casi ninguna te gusta, pero sólo por ver qué es lo que envuelve ese papel tan llamativo... y la tercera que es la peor, la de los frutos secos, esa que mientras esperas que salga el 17, que es el único número que te falta para el bingo y llevas media esperándolo (que incluso miras el bombo a ver si está dentro), no dejas de frecuentar, que si una avellana, que si una nuez, que si una almendra, que si... Y así hasta que muerto de sueño y aburrido de no cantar ni una simple línea, te vas a dormir.
Y así. Tras las navidades, con sus cenas y comidas familiares, de amigos y de empresa, cuando el 8 de enero te miras al espejo y te pesas, le comentas a tu madre, “a ver si el año que viene haces menos comida para navidad maja” y ella te responde que es verdad, que siempre sobra mucho, hasta que pasa casi un año, sales una noche de 23 de diciembre a brindar y al levantarte al día siguiente...
30 junio 2007
LA CENA DE NOCHEBUENA EN CASA DE F.A.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Jajajaja, insuperable. Sobre todo lo de la "piña para desengrasar", que es universal, y lo de "¿alguien se ha quedado con hambre?"
que bueno!!! creo que en todas las casas pasa lo mismo, la diferencia está en la bandeja que mas te gusta o te disgusta, en este caso, coincido contigo, la de las peladillas y frutos secos es la peor, y dura, y dura..... Pero por mucho que digamos, mola tener esa sensación y poder cada año, decir el "año siguiente no como tanto"
Publicar un comentario