
Supongo que al nacer nos otorgan un mecanismo de defensa que imposibilita unir los recuerdos con los sentimientos que en su momento nos produjeron.
¡¡Recordamos los recuerdos pero no los sentimos!!
Sabemos y recordamos que una vez (incluso muchas veces o mucho tiempo) quisimos muchísimo a alguien, que aquello que nos dijeron aquel día nos dolió sobremanera, comentamos y rememoramos cómo nos reímos aquella noche o incluso volvemos a ver desnuda en nuestra mente a aquella persona que nos proporcionó tanto placer aquella noche que parecía (o más bien queríamos que fuera) interminable y, supongo que, aquellos que han perdido a alguien muy querido hace un tiempo no vuelven a experimentar la misma sensación de angustia y de vacío que vivieron esos primeros días (o meses) que siguieron a la pérdida, pero afortunadamente (o lamentablemente pensarán algunos) los sentimientos que acompañaron esos momentos no vienen ligados a esos recuerdos cuando los rememoramos, al menos no con la misma fuerza. Y digo yo afortunadamente porque… ¿imagináis ir de la mano de vuestra pareja y que al cruzaros accidentalmente con algún/a ex esta persona que ahora os coge la mano volviera a experimentar el amor que una vez tuvo hacia él/la que se cruza en vuestro camino? ¿imagináis que al recordar aquella decepción que os produjo aquella bobada nos volviéramos a entristecer? ¿Imagináis tener de repente un orgasmo recordando “aquella/s noche/s” (¿esto no estaría tan mal no?)? ¿imagináis…?
Alguien una vez me contradijo esta teoría de la separación de recuerdos y sentimientos, pero en realidad ese alguien contradice todo lo que yo digo. Así que no me queda otra que dar gracias a ese alguien por hacerme ver las cosas desde un punto de vista opuesto al mío, de dar una vuelta a mi mundo.
Y precisamente ahora es el momento en el cual los psicólogos/as que nos visiten se alinearán con el alguien ya nombrado y comenzarán a desmentir todo lo anterior y a hablarnos de ansiedades y patologías varias que se precipitan precisamente porque un estímulo ligado a una experiencia evoca sentimientos que no debieran cuando el mismo estímulo vuelve a aparecer. Pero…¿no es ese el momento en el que alguien acude o le recomiendan acudir al psicólogo porque tiene un problema? ¿El problema será no desarrollar el mecanismo de defensa adecuado de separación de recuerdo – sentimiento?
¡Malditos psicólogos!
Alguien una vez me contradijo esta teoría de la separación de recuerdos y sentimientos, pero en realidad ese alguien contradice todo lo que yo digo. Así que no me queda otra que dar gracias a ese alguien por hacerme ver las cosas desde un punto de vista opuesto al mío, de dar una vuelta a mi mundo.
Y precisamente ahora es el momento en el cual los psicólogos/as que nos visiten se alinearán con el alguien ya nombrado y comenzarán a desmentir todo lo anterior y a hablarnos de ansiedades y patologías varias que se precipitan precisamente porque un estímulo ligado a una experiencia evoca sentimientos que no debieran cuando el mismo estímulo vuelve a aparecer. Pero…¿no es ese el momento en el que alguien acude o le recomiendan acudir al psicólogo porque tiene un problema? ¿El problema será no desarrollar el mecanismo de defensa adecuado de separación de recuerdo – sentimiento?
¡Malditos psicólogos!
2 comentarios:
Supongo que todo eso de la atenuación de los sentimientos está relacionada con lo que algunos autores denominaban "Proceso Oponente" cuyos efectos a mí siempre me han fascinado.
Leyendote he recordado lo mal que lo pasé en un periodo determinado, aunque por supuesto no he sentido lo que sentí.
Siempre he pensado que es bueno saber rodearse, y saber rodearse para mí, significa evitar a aquellos que en el 90% de los casos no van a atreverse/querer llevarte la contraria.
Siempre he pensado que los hombres (y las mujeres, por supuesto), tenemos una memoria selectiva, de tal manera que aquellas cosas de las que no nos queremos acordar, las enviamos a un viejo armario del que nadie conoce, salvo nosotros mismos.
Gracias a Dios, las cosas que guardamos en él, no vuelven a salir de la misma manera que entraron, si es que alguna vez sale algo.
¿Imaginas sentir de nuevo todas las cosas pasadas?. ¿No nos privaría de tener nuevos sentimientos en la actualidad, por estar reviviendo continuamente los antiguos?. Porque una cosa está clara. Todo en nuestra vida nos puede trasladar a épocas y recuerdos pasados. Una simple barra de pan, nos puede hacer pensar en la época en la que toda la familia nos juntábamos a comer alrededor de una mesa.
¿En que momento dejaríamos de evocar ese pasado para vivir el presente?.
Yo creo que es mucho mejor sentir ahora, que aferrarnos a lo que sentimos en su día. Al menos esa es mi esperanza.
Sigue así, que te seguiré leyendo.
De mi novia ya hablaremos.
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