07 marzo 2008

DIME DE QUÉ PRESUMES...

Mi hermano mediano, Rául, teniendo apenas 5 ó 6 añines, si subía solo las escaleras de casa, al ir ascendiendo iba cantando "Me llamo Raúl y soy muy fuerte, ten cuidado, que soy muy fuerte,..." a la vez que pisaba con firmeza para hacer gran estruendo con sus pies.

Desde hace un tiempo para acá, un tiempo que no sé cuantificar, no sé si trata de días, de meses o de años, tengo una certeza que guarda relación con la simpática y cariñosa anécdota con la que comienzo este escrito. No sé si es una certeza absoluta o relativa, pero es una certeza. Cada vez que escucho o leo a alguien vanagloriarse o/y decir reiteradamente lo mucho y bueno que hace o lo magnífico que es donde está o dónde va a ir pienso para mis adentros que esa persona está insegura, insegura de sí misma. Creo que llegué a esa convicción a base de observarme a mí mismo. A base de mirarme en mi espejo interior porque tan sólo puedo mirar en el interior de unos pocos y nunca de manera continuada, constante y certera, pero sí me miro a mí mismo por dentro casi a diario. Y casi siempre, cuando más exponía mis méritos o mis logros o mis futuros, y siempre al ser futuros, hipotéticos y nada seguros éxitos, era porque no estaba tan seguro de mí mismo como quisiera. Me encanta esa gente que tiene casi todo lo que le gustaría tener a su alrededor y no se pavonea de nada, ese alguien me gusta, ese cualquiera me transmite estar seguro de sí mismo. Y me apenan (en la más sana acepción de la palabra, no apenar de desprecio) esos otros que continuamente están gritando a los 4 vientos lo maravillosos que son y lo maravillosamente que hacen todo y las maravillosas oportunidades que les dan. Les escucho y/o leo y pienso "¿Qué temores te asaltan que quieres espantarlos a gritos? ¿A qué fantasma quieres ahuyentar mientras subes por las escaleras?"
Ahora me asomo a mi espejo interior y me veo feo y despeinado, pero no me importa, incluso me gusto así, no necesito gominas, maquillajes o abalorios para que los demás me vean resplandeciente y tan sólo temo el día en que tenga que buscar en mi fondo de armario mis mejores galas para gustar a los demás. Ese día es posible, como ha pasado otras veces, que a quien realmente no guste sea a mí mismo.

¿Dónde giraba hace un año?

7 comentarios:

Chechu dijo...

Schuster no para de hacerlo...es el entrenador más inseguro que ha tenido el Madrid en los últimos tiempos. (así respondo a las dos últimas entradas)

Ingrid Dietrich dijo...

Me ha gustado mucho...

Vic dijo...

Te saco un par de años, por tanto un par de experiencias más vividas. De algo tiene que servir hacerte mayor o vieja, digo yo.
Hoy, te digo que tu razón no es absoluta.
A veces, al menos es mi caso, necesito decirme las cosas buenas que soy para no olvidar lo que soy ya que nadie se acuerda de decírmelo. Sí, sé que me quieren y que me aprecian pero se olvidan de que , de tanto hacer esas cosas esforzadas, lo han convertido en una normalidad que a mí me cuesta esfuerzo y sacrificio hacerlas.
No sé si me explico.
En el caso de Schuster, nadie le dice lo bueno y los fantástico que es su equipo y,puede que, de tanto no decírselo, sus jugadores lo olviden.

Rapajic dijo...

Vic, en primer lugar para nada había pensado en Schuster (por buen ejemplo que sea) al escribir este post sino en gente más cercana(incluso, como pongo, en mí mismo). En segundo lugar, sé que seguramente no sea una verdad absoluta, pero tu argumento no sólo no desmonta "mi teoría" sino que la ratifica: "necesito decirme las cosas buenas que soy para no olvidar lo que soy ya que nadie se acuerda de decírmelo. Sí, sé que me quieren y que me aprecian pero se olvidan de que , de tanto hacer esas cosas esforzadas, lo han convertido en una normalidad que a mí me cuesta esfuerzo y sacrificio hacerlas." Perdona que te lo diga porque no te conozco de nada, pero que sientas esa necesidad denota precisamente lo que he comentado, inseguridad. Un beso

Vic dijo...

LA verdad es que no es inseguridad sino que es "estar hasta los huevos". Y no me lo digo en voz alta, claro.
¿Viste la película "El color púrpura" la esposa del hijo, aquella que no consienten que la peguen y que cuando se cabrea,lo otros se esconden? pues salvando las diferencias, yo soy así.

Al Neri dijo...

Qué te pasa, F.A., que ya son muchos días sin actualizar el blog, y queremos que tenga lo último, como El Marca...

LoOla dijo...

Cuando no te gustas a ti mismo lo mejor es romper los espejos.

Besos brujos!