14 mayo 2007

UNA SOMBRA


No había completado aún mi último sueño cuando la responsabilidad hizo sonar mi despertador, para lograr, tras una larga y agria discusión con la pereza, hacerme levantar de la cama. Tenía que seguir escribiendo mi libro a pesar de ser domingo, la prisa le había insistido a mi editor que no podía esperarme más. Al abrir la ventana vi que la mañana estaba radiante y el buen humor revoloteaba a mi alrededor. Yo soy de los que tardan unos minutos (muchos minutos) desde que me despierto hasta que soy capaz de mantener una conversación, pero esta mañana, mientras desayunaba, la esperanza tenía ganas de hablar, me repetía incesantemente que había estado hablando con la felicidad y que está le había prometido que nos visitaría en breve, mientras, la duda no lo tenía nada claro y le rebatía cado uno de sus argumentos y la incredulidad le decía que no se fiara, que la felicidad era muy amiga de prometer pero muy poco de cumplir. Yo sólo escuchaba sin tomar partido en la discusión mientras ingería un zumo y el tazón de leche con cereales que la fuerza me había recomendado. Entonces apareció la distracción en mi cocina para aconsejarme que dejara de escuchar a esas cotorras parlantes, que tan sólo eran marionetas manejadas por el destino para tenerme entretenido con razonamientos absurdos mientras él hacía y deshacía a su antojo. Al salir la distracción de la cocina ya había terminado de desayunar, me fui al cuarto de baño y tras ducharme y afeitarme, mientras me peinaba, la belleza me hizo una llamada perdida. Siempre me hace lo mismo, parece que quiere llamarme pero cuelga enseguida y nunca logro hablar con ella, creo que está saliendo con los celos y que éstos no le permiten relacionarse conmigo. Yo llevo años casado con la soledad y creo que me vendría bien liarme alguna vez con la belleza, a partir de ahí se correría la voz (dicen que es muy amiga de la indiscreción y de la autoestima) y me empezaría a plantear seriamente cortar esta relación que nada me aporta. Entonces es cuando recordé una cosa, hace unos días la amistad me dijo que la elegancia ligaba mucho. Sé que hace tiempo que no sabía de ella pero también sé que no era amiga del rencor y decidí llamarla para ver si salíamos a tomar algo juntos. Me dijo que estaba muy liada y algo enfadada conmigo, que la memoria siempre me recomienda salir con la informalidad para ir de fiesta y que sólo me acordaba de ella para asistir a ceremonias aburridas y que si eso, otro día, ya me llamaría ella. De fondo la desconfianza me repetía “ves, ya te lo decía yo” mientras mi esposa me gritaba a lo lejos que porqué no volvía a la cama, que le apetecía hacer un trío con la apatía, de esos que tanto me gustan. Pero hoy no me apetecía ni hablarla, estaba totalmente decidido a abandonarla, ya no me gustaba. Sí, sé que muchos días invita a cenar a la inspiración y que entre ambas me ayudan a escribir, pero anoche, cuando la inspiración se marchó, mientras estaba en la cama con la soledad, encendí la radio para quedarme dormido con ella y escuché un programa presentado por la reflexión que me hizo pensar si es realmente necesario estar de continuo acompañado de mi musa o si puedo encontrar a otra que me proporcione nuevas historias. Y por fin me he decidido, he venido a visitar al recuerdo (siempre me ha dado grandes consejos) y él me ha hablado de quien fue mi primer amor, con quien comencé a crear historias, de quien fue la que más y mejores historias me hizo inspiró y la que a más fiestas organizadas por la alegría me acompañó. Y me ha dicho que vaya a verla, que hace años que me espera y que me acogerá de nuevo en su lecho. Y aquí estoy de nuevo, otra vez dejándome inspirar por ella y otra vez entre sus brazos, dejándome amar, guiar y llevar por la locura.
Ah, por cierto, me llamo inestabilidad y nunca sé lo que quiero.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonito relato, muy ingenioso.
De todas maneras, no te divorcies nunca de la soledad, pero ponla los cuernos con frecuencia.

Chechu dijo...

El mejor post que has escrito, enhorabuena. No se si el 'saber estar' tiene cabida aquí, pero aunque no es un consuelo al menos te da un mínimo de decoro en las situaciones que no nos gustan

Anónimo dijo...

¡Olé!
Muy bueno, sí señor. Muy, pero que muy bueno, en mi humilde opinión.
A lo mejor la culpa de la genialidad la tiene su sobrina la frustación, disfrazada de Sobis con el número 89 a la espalda..., no sé, ¿quién lo sabe?

Anónimo dijo...

Joder me ha encantado, pero que bien lo haces Felix

Anónimo dijo...

una sombra una sombra

Ingrid Dietrich dijo...

Qué parte verdadera hay de nosotros en lo que escribimos? Somos así durante un instante y legamos a creerlo de veras y luego mostramos un yo diferente vestido de uniforme de calle, con esa frase hecha cuando te preguntan sin verdadero interés -¿cómo estás?-, y contestas...-Bien- aunque por dentro sientas como si te estuivieran clavando pequeñas agujas... Eres tú un sueño creado? Eres tú una sombra de ti mismo? Quien eres de verdad y detrás de qué máscara se esconde tu verdadero rostro...?