23 octubre 2006

ROBER


Una vez un hombre de 30 años fue a buscar a un niño de 5 al colegio y por las escaleras de ese cole de monjas le cogió la mano y le dijo al niño que acababa de tener un hermanito.

20 años después ese niño ya no era tan niño y por primera vez en su vida se sintió “mayor”, ¡su hermano pequeño llegaba a la veintena!

Y 28 años después el niño se da cuenta de que tiene más años que el hombre aquel de 30 y que no tiene un niño al que ir a buscar al cole, ni tan siquiera para decirle que tiene un hermanito.

28 años después el día es hoy, el hombre de 30 es mi padre y el hermanito es mi hermano Rober. Por supuesto aquel niño soy yo y esa bajada de escaleras de la mano de mi padre contándome que tenía otro hermano es de los pocos recuerdos más o menos nítidos que mantengo de mi primera infancia.

Pero hoy no es día para que sea yo el protagonista sino para que lo sea él, mi tato pequeño, ese “bicho” entrañable, generoso y cariñoso que a veces te entran ganas de estrangular pero al que no puedes dejar de adorar porque su corazón no le cabe en su cuerpo (eso es lo que muchas veces le hace mal a sí mismo).

Hoy hace 28 años que vino para hacerme compañía y hoy vuelvo a bajar unas escaleras de la mano de mi padre siendo un niño de cinco años con la alegría de que tengo un hermanito.

Felicidades chiqui.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo no recuerdo ese dia, pero si que desde ese momento deje de tener habitacion propia je,je,..es broma. Muchas felicidades y un beso para los dos ahora sigo compartiendo habitacion ....